El intendente Chiruchi: Robin Hood al revés

Héctor Morales Techera

 

La crisis endémica de nuestro país ya tiene casi 50 años de vida, y los uruguayos para ir capeándola nos hemos acostumbrado a cargarnos de amuletos, costumbre que se han encargado de alimentar los mismos responsables de esa crisis, al punto tal que desde hace décadas nos vienen vendiendo toda clase de fetiches con el fin de distraernos para que no podamos analizar las causas de la crisis.

Hoy acuden a otras formas de engaño, el monstruo comunista, globalización, coalición de gobierno, reformas electorales con balotaje incluido, muerte al Mercosur, para integrarnos al ALCA y realizar acuerdos bilaterales de igual a igual con los EEUU, etcétera. En ese camino nos encontramos hoy con un personaje que hace algunos años no tuvo ningún prurito de integrar la dictadura que asoló a nuestro país; nos referimos al intendente de San José, Juan Chiruchi, que desde que asumió su cargo en mayo del año pasado, y ante el angustiante problema de falta de trabajo en la ciudad maragata (al igual que en todo el país) le viene vendiendo el verso de las inversiones extranjeras a la población de San José y al país entero. Para ello brinda a esos seudoinversores todo tipo de prebendas, los exonera de todo tributo, les regala terrenos que valen varios miles de dólares y que no le pertenecen ya que son propiedad de la comunidad, tal fue el caso de unos empresarios coreanos que iban a venir a instalarse con una fábrica de viviendas de madera, pero que nunca llegaron.

El señor intendente en su anterior período les compró envuelta para regalo 40 hectáreas de un hermoso predio frente al frigorífico Pérez Rodríguez, pero, como esos empresarios nunca llegaron, la IMSJ no tuvo más remedio que realizar los trámites pertinentes a fin de que los mismos le fueran devueltos. Recientemente le regaló a la Good-Year, empresa canadiense de neumáticos, 15 hectáreas por valor de U$S 80.000, que también eran propiedad de la comunidad y según declaraciones del ministro de Industria, Energía y Minería, el día en que se firmó el acuerdo, también se le otorgó a esta empresa un cheque en blanco, no sólo para no pagar un solo impuesto o aporte previsional, sino, también para pagarle salarios de hambre a los futuros desafortunados trabajadores que, mediante una tarjeta de recomendación del señor intendente (que así los tendrá agarrados para siempre), pasen a formar la plantilla de obreros de la fábrica a montar.

También hizo grandes discursos acerca de importantes inversiones cuando le otorgó todo tipo de exoneraciones a la fábrica de Motos Garalli, instalada dentro de la misma ciudad, que traería decenas de puestos de trabajo pero el supuesto inversor aprovechó las exoneraciones, pagó salarios de hambre a sus trabajadores, dejó un montón de clavos y se fue.

Todas estas prebendas para estos supuestos inversores y las consecuentes calamidades para la población maragata y para el país son a cuenta, precisamente, de esas supuestas inversiones, y decimos supuestas, porque no son tales.

No hay inversiones en nuestro país, puesto que la maquianria, la materia prima y los insumos vienen del país de origen de esos falsos inversores en San José. Por otra parte ya sabemos que el predio donde se instalan, en una actitud poco cristalina, se los regala Chiruchi, y las posibles construccones que se realizan, se hacen con generosos préstamos del BROU, de ese mismo BROU que en otro plano ejecuta todos los días a nuestros sufridos productores pequeños y medianos.

Todo esto demuestra la falsedad de los argumentos del señor intendente Chiruchi cuando nos hace el cuento del desarrollo de San José a través de la inversión extranjera.

¿No sería más redituable para su pueblo que a través del Congreso de Intendentes le reclamara al PE que termine con el atraso cambiario que impuso su jefe político, el doctor Lacalle, cuando fue Presidente, a fin de que tanto los empresarios industriales como agropecuarios puedan competir en igualdad de condiciones con sus colegas de otros países? ¿No sería más redituable para los maragatos que parte de esos U$S 200.000 que recauda del bolsillo de sus conciudadanos y que él quiere destinar a la compra de una cartera de tierras para regalar a los aventureros que llegan a nuestra patria se les otorgaran a las 25 familias que en Colonia Wilson explotan artesanalmente un establecimiento agropecuario e industrial donde procesan frutillas, tomates y otras legumbres, sin contaminar, pagando todos los tributos correspondientes y empleando a 300 trabajadores con salarios decorosos? Otra parte podría destinarse a dinamizar las 65 industrias que hasta hace pocos años operaban en Rincón de la Bolsa. Sería bueno que le hiciera caso a la oposición y comprara la Cartera de Tierras y las entregara a los cientos de maragatos que las están reclamando para construir viviendas por el sistema de Ayuda Mutua desde hace tanto tiempo, asegurándose por esta vía el regreso de esos valores para seguir reinvirtiéndolo en la sociedad.

A los ciudadanos del empobrecido pueblo maragato que aún siguen creyendo en los cuentos del señor intendente y al propio señor intendente, una comunicación por si no conocen la historia; fue al revés, Robin Hood robaba a los ricos para darles a los pobres.

Dirigente sindical

 

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