EDITORIAL

¡Celeste!

El triunfo de nuestra Selección nacional de fútbol en el mundial de Sudáfrica 1 a 0 frente México es por lejos el principal acontecimiento del día.

Lo es por varias razones: deportivas, sociales y culturales.

Las deportivas son realmente trascendentes, con este triunfo Uruguay clasificó para los octavos de final del Mundial, y se colocó entre las 16 mejores selecciones del mundo.

Como si esto fuera poco lo hizo como puntero del grupo, invicto, sin goles en contra y desplegando un fútbol que hacía mucho tiempo que no se veía en una Selección celeste.

Las implicancias sociales y culturales, unidas a las deportivas, son las que hacen inevitable que se hable en forma destacada de este triunfo futbolístico.

 

El maestro Oscar Washington Tabárez, conductor de esta Selección, dijo antes del partido que tenía confianza por varios motivos, pero destacó uno que trasciende lo deportivo: «Uruguay es un país con cultura futbolística, el fútbol está incorporado a la esencia de los uruguayos, no se puede explicar a Uruguay y a los uruguayos sin el fútbol».

Es desde allí, desde esa dimensión, sin caer en exageraciones, que vale reflexionar sobre este hecho deportivo.

El fútbol uruguayo hace muchos años que a nivel de mundiales no lograba una actuación destacada. La última fue en 1970, hace 40 años, cuando salimos cuartos en el mundial de México. En el medio hubo buenos desempeños a nivel continental, campeones sudamericanos dos veces en la década del 80 y otra en 1995 en Montevideo.

 

La identificación de los uruguayos con su Selección se había refugiado más a nivel de juveniles, por ejemplo en los mundiales de Túnez y Japón.

Pero el único momento de comunión del pueblo entero con una selección se dio en el mundial juvenil de Malasia cuando fuimos vicecampeones y el recibimiento a aquellos gurises celestes fue una muestra multitudinaria de cariño e identificación popular.

 

Esta Selección ha logrado una adhesión popular que no solo se sustenta en los resultados ni en el marketing avasallador y multipresente.

Parece haber algo más profundo y auténtico, los uruguayos estamos orgullosos de nuestra Selección, de su juego y de su imagen de equipo fuera y dentro de la cancha.

El fútbol y la política, sin despreciar otras manifestaciones culturales, son las dos pasiones nacionales.

Influyen masivamente en el estado de ánimo de nuestra gente, en su visión de la vida, en su ánimo cotidiano.

Los desafíos que nuestro país tiene en el terreno político, económico, educativo, de integración social, no se solucionan por un partido de fútbol.

La utilización de los episodios deportivos para tapar realidades fue un recurso utilizado por las dictaduras, el mundial de Argentina y el mundialito de Uruguay son dos claros ejemplos.

 

Hoy nuestro país y nuestro pueblo construyen otra realidad y quizá eso permite vivir la alegría deportiva con más mesura. Esto se proyecta en otra frase del maestro Tabárez: «Vinimos a disfrutar el Mundial».

Hacía muchos años que los uruguayos no disfrutábamos un mundial, demasiados.

Esta Selección nos da ese regalo y no importa tanto la táctica, ni las estadísticas, lo que ayer se expresó en la calle fue algo que a veces nos cuesta asumir: un momento colectivo de felicidad. Y está bien.

Por eso es el hecho del día, por eso se suspenden las clases, se paraliza el país y más allá de lo que venga, es bueno aprehender este momento.

Por eso la alegría, mesurada y tranquila, como nosotros, se desborda y se hace grito desde el Cerro a Bella Unión: «Uruguay noma». Amén.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje