Bicentenario, Mujica, Mundial, puente liberado…

Coincide mi estadía en esta ciudad (Buenos Aires) con sucesos relevantes y trascendentes para ambas márgenes del Plata, y en todos el pueblo ha sido partícipe fundamental, llegando a coincidir unidos en varios temas.

El festejo del Bicentenario de la República Argentina ha sido un acontecimiento que permanecerá en las retinas y en los corazones de todo aquel que participó y en aquellos que lo siguieron por emisiones televisivas. Fue de una magnitud tal que dejó perplejo a más de uno. La población de todas las ciudades del país se volcó a las calles en número inusitado, y con una sola divisa en sus manos, la bandera celeste y blanca con su sol resplandeciente.

Quedaron de lado, al menos por unos días, las enormes dificultades que encuentra el gobierno de CFK para transitar este tramo de la historia de este país tan heterogéneo. Buenos Aires fue un solo color y un solo cántico, con millones de ciudadanos atraídos por la hermosa fiesta que se realizó en las arterias principales de la ciudad.

 

Dentro de esos festejos se dio un hecho en el cual participó nuestro presidente Mujica, y que demuestra a las claras lo complejo de este país. Se reinauguró el fastuoso Teatro Colón, considerado uno de los más bellos del mundo y con mejores características para el desarrollo de la lírica y demás.

 

A esa inauguración fue invitado Mujica por el gobernador de la Ciudad, Macri. El líder uruguayo acudió, disfrutó de esa belleza arquitectónica y pudo eludir la fotografía con el anfitrión. ¿Por qué? Porque a ese acto no concurrieron los representantes del gobierno nacional, por mantener un enfrentamiento muy duro con el ingeniero Macri. Mujica usó su cintura para no molestar a CFK, que lo había convidado a los festejos del cumpleaños de la Patria, junto a otros mandatarios.

 

Esta incursión por mi segunda patria me haya inmerso en la disputa de un evento que nuestros pueblos toman como un rito sagrado, el Mundial de Fútbol. La ciudad se transforma en una ciudad fantasma durante los 90 minutos de partido. Desaparecen vehículos de transporte y particulares, y algún que otro transeúnte deambula por sus calles. Tras cada triunfo, el pueblo es protagonista, volcándose a las calles en un festejo único, con los colores patrios de su divisa nacional.

Un hecho pintoresco me tocó vivir en el barrio de Flores, donde resido momentáneamente. En él está instalada una gran colonia coreana, que ya tiene tres generaciones en la ciudad. Cuando jugó Argentina con Corea se dio la paradoja de ver a jóvenes de rasgos coreanos, pero argentinos de nacimiento, con banderas celestes y blancas disfrutando del triunfo ante el país de origen de sus ancestros, y estos festejando y sufriendo las alternativas del partido.

 

Mi corazón compartido entre ambas naciones me pone en una encrucijada, pero feliz de que así sea. Tanto Uruguay como Argentina han logrado, al escribir estas líneas, pasar a la segunda fase del Mundial, lo que implicaría que ambas selecciones deban enfrentarse en los octavos de final, y ello sería perder uno de los dos la chance de continuar avanzando hacia las etapas finales.

Como broche de oro de estos acontecimientos, se dio que ha sido levantado el corte de un puente que nunca debió llevarse a cabo. Los asambleístas de Gualeguaychú, luego de tres años y medio, decidieron en votación muy reñida dejar de practicar esa medida por un lapso de 60 días para intentar gestionar ante los gobiernos de ambos países lo que consideran justo, monitorear la planta papelera desde dentro, y si es posible su retiro de la región.

 

Aquí también fue protagonista el pueblo de la ciudad entrerriana. Aunque con matices a favor y en contra de esa medida que no permitió el tránsito libre en el puente.

Evidentemente nuestros destinos están hermanados. Actualmente vivimos tiempos de gran entendimiento entre ambos gobiernos, donde nuestro país, con Mujica a la cabeza, ha logrado sendos acuerdos que favorecen y mucho a nuestra economía.

Son más los lazos ancestrales y fraternos que nos unen, que aquellos que nos puedan enfrentar circunstancialmente. Ya sea un corte de puente, un partido de fútbol en un evento mundial o las diferencias que tenga el gobierno nacional argentino con el actual mandamás porteño.

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