"Uno de los enemigos que tengo"
Hace diez meses un libro, en esencia una entrevista al entonces candidato presidencial del Frente Amplio José Mujica, revolucionó el mundillo político y periodístico nacional.
Fue muy criticado ( tanto el autor del libro como Mujica), destrozado en partes, descontextualizado y, en definitiva, rechazado, tanto por la oposición como por la prensa, y también se sumaron algunos dentro del Frente Amplio.
Pasado el período electoral la pregunta es: ¿Cuántos de aquellos que se tiraron de los pelos, cuántos de los que invirtieron horas, programas y ríos de tinta en criticarlo, realmente leyeron la entrevista de una punta a otra?
Nos referimos al libro «Pepe Coloquios», de Alfredo García, para que no queden dudas.
Tal vez hoy, alejados de la pasión electoral, se pueda analizar lo que desnuda de su pensamiento y sus sentimientos nuestro Presidente.
No es necesario estar de acuerdo con todo, no se trata de buscar unanimidades donde no las hay pero entendemos que hoy se puede evaluar sus opiniones con otra perspectiva.
Releyendo la obra, nos encontramos en la página 122 que el autor señala: «Siempre se reprochó el acomodo» ( dentro del FA) y José Mujica responde: «Toda la vida, pero ahora te reprochan porque no metés el dedo, y te reprochan el concurso». Es más, Mujica detalla que «hay un Frente que se mueve por mantener el trabajo, por mantener el empleo, la ubicación», para concluir que «tenemos el mismo desafío que tuvieron los partidos tradicionales, y esa máquina es capaz de tragarnos». Al respecto señala que yo les diría «bueno macho, pensá que esto es a término y tené capacidad de guardar algún mango para cuando venga la otra y revolverte en la otra». Acota: «Este es uno de los enemigos que tengo, esa especie de nueva casta». Es interesante refrescar estas ideas en momentos en que se plantea una reforma del Estado que incluye también una reforma de la mentalidad, la filosofía con la cual jerarcas circunstanciales y empleados de por vida encaran su tarea y valoran la función que cumplen.
El hoy Presidente de la República denuncia públicamente que uno de los legados negativos del batllismo es la «vocación de empleado público» que existe en la población y define claramente que no está dispuesto a «utilizar al Estado para explotar a la población». Al mismo tiempo ratifica su convicción de que «la cosa pública tiene un cometido central que no es el de arreglar la personal, la familiar, la de los amigos, sino la de la gente».
Mujica atribuye estas actitudes a la ideología dominante y su expresión más contundente: el consumo, » si te dejás dominar por el consumo, marchaste hermano y por tanto no sos independiente, la libertad se pelea con sobriedad».
Una vez más, plantea la crucial lucha que debe mantener el Frente Amplio con los principios básicos del capitalismo en el ámbito ideológico, «uno de los enemigos que tengo» pero nosotros lo ampliamos y extendemos, es uno de los principales enemigos que tenemos quienes creemos y aspiramos a una sociedad mejor.
El consumismo, la cultura del shopping, el corporativismo, el no aceptar las críticas, parecen ser principios heredados de una sociedad a la que básicamente reprochamos por estar construida sobre la base del trabajo de muchos para el goce de unos pocos. Quien piense diferente puede remitirse a lo que vivimos hoy ante los próximos Consejos de Salarios, donde los empresarios se niegan a compartir sus ganancias. Y quieren volver a otros tiempos.
Aquel viejo y gastado cuento de «se podrá repartir la torta cuando crezca» parece que se ha olvidado. ¿O acaso estamos equivocados al pensar que la torta se ha agrandado? ¡Y de qué manera!
Releyendo el libro el lector podrá encontrar otros enemigos que Mujica reconoce tener. El legado del batllismo, refiriéndose en particular al empleo público como «premio consuelo», será sin duda difícil de doblegar. No es un imposible, pero exigirá ingentes esfuerzos no sólo al Presidente, sino también a su equipo de gobierno y, es más, a los dirigentes sindicales, ya que estos últimos por su calidad de directivos también tienen que tomar conciencia de que no se trata sólo de pedir mayor reparto de la torta sino de mejorar el trabajo, la filosofía con que se trabaja, finalizar, como dijera Mujica, con el empleado «que apenas llega al trabajo ya está mirando al reloj esperando poder marcar la tarjeta de salida».
Se trata de un compromiso país, no del esfuerzo o el capricho de un hombre solo.
¡Ojalá podamos sacarnos de encima lo antes posible a estos enemigos!
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