La condena del Parlamento uruguayo a Israel

Ha provocado remezones políticas el hecho de que el Comité Central Israelita, directamente o a través de intermediarios, intentó averiguar la conducta de cada legislador en la votación del Parlamento uruguayo de condena al gobierno de Israel por la masacre perpetrada a la flotilla humanitaria rumbo a la Franja de Gaza el 31 de mayo. Pero ahí no hubo nada secreto ni ningún misterio. Fueron discusiones en sesiones abiertas y públicas en ambas Cámaras, se votó a mano levantada, y cualquiera pudo constatar cómo se pronunció cada legislador. Todo ello además ha sido ampliamente difundido.

El Senado votó la declaración el 1º de junio, apenas producido el ataque, por unanimidad de los senadores presentes (25 en 25), pertenecientes al Frente Amplio, el Partido Nacional y el Partido Colorado. Rara vez se verifica semejante unanimidad en un pronunciamiento internacional. La declaración establece: «1) Su condena a esa acción militar del Estado de Israel emprendida contra un convoy humanitario navegando en aguas internacionales. 2) Su solidaridad con las familias de las víctimas (…). 3) Su voluntad de que el Poder Ejecutivo realice un planteo ante los órganos competentes de Naciones Unidas, a fin de restablecer y asegurar la ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, incluyendo medidas respecto del aislamiento, y determinar con la colaboración del Estado de Israel las responsabilidades internacionales que correspondan. 4) Su exhortación a la continuación de los esfuerzos para restablecer las negociaciones orientadas para asegurar la paz en la región».

Esta declaración clara, convincente y exhaustiva, fue refrendada dos días después por la Cámara de Representantes. En este caso se registró una amplísima mayoría, no unanimidad. Un grupo de diputados herreristas votó los puntos 2 y 4 y no acompañó los dos restantes, en tanto que los colorados votaron los dos primeros y no los dos últimos. La declaración obtuvo, lo reiteramos, una mayoría muy amplia.

El Parlamento acompañó, en su esencia, la posición adoptada por el gobierno y la cancillería el mismo 31 de mayo, en que expresó «la condena a las acciones militares emprendidas por las fuerzas israelíes», su consternación por la pérdida de vidas, al tiempo que «demanda una rápida investigación independiente de los hechos e insta al gobierno de Israel a que colabore en la misma» y solicita «que se restablezca la ayuda humanitaria a la población civil de Gaza en forma inmediata, a través de todos los cruces de frontera, en particular los controlados por el Gobierno israelí». El Frente Amplio se pronunció en el mismo sentido.

En pocos casos como éste puede decirse que tal es la posición asumida por la comunidad internacional en su conjunto, en un abanico amplísimo de opiniones, que también halló su reflejo, aunque no con la contundencia requerida, en el Consejo de Seguridad. Al mismo tiempo, desde sectores judíos que apoyan desde siempre al Estado de Israel se van perfilando posiciones de crítica cada vez más aguzadas a la política del actual gobierno. Una declaración firmada por más de 6 mil integrantes de colectividades judías de Europa, encabezados por los filósofos Bernard Henry-Lévy y Alain Fienkelrauf, afirma que «la ocupación y la implantación ininterrumpida de los asentamientos en Cisjordania y en los barrios árabes de Jerusalén este constituyen un error político y una falta moral»; y concluye que «la supervivencia de Israel como estado judío y democrático se ve condicionada por la creación de un Estado palestino soberano y viable». Pues bien: en Le Monde del 31 de mayo Alain Grez, condenando vivamente el asalto a la flotilla, alude precisamente a este manifiesto y se pregunta desde el título: «Israel: la impunidad ¿hasta cuándo?».

Hasta ahora no hay respuesta. La impunidad por los crímenes se mantiene. A 20 días de la masacre, el gobierno de Netanyahu se niega empecinadamente a autorizar la actuación de una Comisión internacional en el lugar (temiendo sin duda que reproduzca un dictamen similar al de la Comisión presidida por el jurisconsulto judío sudafricano Richard Goldstone, que certificó el genocidio de diciembre 2008-enero 2009 en la Franja de Gaza). Ante el clamor internacional, Israel promete que reabrirá por cuentagotas el acceso a la Franja, pero mantiene en lo esencial el bloqueo por aire, mar y tierra. El estrecho territorio sigue siendo un gueto gigantesco y desprovisto de lo esencial (aunque un distinguido antropólogo diga que allí se nada en la abundancia). Y a todo esto agrega la amenaza, más presente que nunca, de utilizar su armamento atómico para atacar a Irán, para lo cual ya ha logrado que Arabia Saudita le autorice a sobrevolar su territorio.

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