Diálogos extrapartidarios
Leopoldo Amondarain
La rutina política fue rota hace unos días cuando leíamos la noticia de una entrevista del senador Michelini con Juan Andrés Ramírez en el domicilio de este último. El senador explicó, «esquivo», que la reunión había sido a los efectos de conversar sobre distintos temas de política general sin especificar explícitamente acuerdo alguno. Pero a renglón seguido, en Tacuarembó, bien lejos, pero no tanto como para que no se supiera en el resto del «orbe», una dirigente menor del Nuevo Espacio se explayó sobre la mentada «charla», asegurando que la misma tenía como fin la posibilidad de futuras conjunciones con Tabaré Vázquez y su Frente Amplio, armando un presunto «frente mayor». Juan Andrés desmintió no muy explayada ni efusivamente en una emisora local, que no era cierto. El hecho, ¡vaya si merecerá comentario!
En primer lugar, la noticia especifica sobre tan candente hecho, nadie se «traga» que lo «inventó» una modesta dirigente de «pueblo adentro» como si fuese un chimento de comadre dominguera entre «matecito y matecito», tortas fritas mediante. Es obvio, no peco de sagaz ni de mal pensado si pienso que «alguien» le dio la orden y hasta le mandaron el cronista de marras. En segundo lugar, el haberse dado en el Interior, centro básico del reducto blanco, puede tener su «punta» pulseando la reacción que en el ánimo del pueblo nacionalista afectase. Tercero, la iniciativa no parte de los blancos ni del Frente Amplio donde la responsabilidad de una «gafe» sería mayor, sino del grupo más modesto y con menor responsabilidad de compromiso como el Nuevo Espacio.
Si no resulta, qué le puede afectar una mancha más al tigre. Cuarto, la negativa de Juan Andrés no fue ni contundente ni fanática. O sea, soy católico y por ende no creo en brujas, pero… no es la primera vez que se encuentran «escobas» abandonadas… Todo esto, viene al caso, como consecuencia de lo que hemos venido previniendo y muchos, justo es consignar, lo han visto sobre la realidad interna del nacionalismo. Hay una resistencia muy dura contra la presunta candidatura única del Cuqui, de ganar la interna. A medida que pasa el tiempo y se demora el despegue de candidaturas opositoras al presidente del Honorable, con visos reales de ganarle ese evento, los blancos que lo reprueban, más de un tercio del partido actual, no tienen otra que buscar soluciones. Nadie quiere dejar nada menos que el lema. Todos se sienten blancos hasta el alma. Todos quieren ser fieles a Oribe, Leandro Gómez, Saravia, Herrera y Wilson; pero, no votan a Lacalle. La embestida baguala y otros errores más caros aun, dejaron hondas heridas que el tiempo, que aún es breve, no ha podido restañar. La interna, por añadidura, vistiendo listas, ata al lema. Como se sabe, al figurar en esa elección doméstica, después no se puede optar por otra opción fuera de la colectividad.
Hay que morir con el Cuqui, si ganase. Es una realidad durísima para muchos y no es de extrañar que pudiesen haber movimientos extrapartidarios. No sería una individualidad, de concretarse de esta manera. Es todo un sector el que podría estar en esa.
En buen romance, una variante en reiteración de los blancos independientes del pasado. Máxime, que es inocultable que en el Frente existe un ala nacionalista de origen blanco muy importante. Alguna vez hemos dicho, que sentados en alguna mesa grapita y mate mediante, los blancos y nacionalistas conversamos entre nosotros libres y cordialmente aunque alguno no esté en lema. Tenemos mucho más afinidades que con los colorados con quienes en similares circunstancias, no sabríamos de qué hablar. Nada nos une ideológicamente con el batllismo colorante.
Si estos prolegómenos fuesen ciertos como «pintan» serlo, el que sigue en peligro es el Partido Nacional. No se puede seguir disgregando ni perdiendo pilchas del apero. Para recuperar la masa nacionalista que se fue –300.000– y reconquistar las posiciones perdidas, los dirigentes si son conscientes de su responsabilidad histórica y aman al partido de sus mayores, deben dar el paso al costado para que se puedan crear otras expectativas que eviten el drenaje de correligionarios para afuera y atraigan a los nostálgicos que se fueron y quieren volver a vestir los cuadros blancos porque son y se sienten blancos.
Es obvio, que para dar ese paso y abrir las tranqueras partidarias, se necesita una cuota de visión, generosidad, desinterés y grandeza de la dirigencia, que parece muy difícil encontrar en estos tiempos.
Convencional del Partido Nacional
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