El anuario de LA REPUBLICA
Se acaba de publicar el Anuario 2009-2010 de LA REPUBLICA, que es una herramienta imprescindible para quienes siguen los acontecimientos de una sociedad.
Los historiadores saben que toda cronología, por más que contenga siempre una subjetividad, es una ordenadora del pensamiento y del análisis crítico de los procesos sociales.
Se podrá estar de acuerdo o no con el contendido de esa cronología, pero siempre ayuda a comprender cómo el autor visualiza los fenómenos de la sociedad y qué jerarquía les da.
Por eso no es lo mismo leer un Anuario de LA REPUBLICA que la de cualquier otro medio de comunicación escrito. En cada caso el planteo cronológico y la elección del tipo de noticia, muestran el contenido ideológico, político y cultural de quienes presentaron y eligieron los hechos más destacados.
Serán los lectores que accedan al Anuario, los que finalmente determinarán si la subjetividad de LA REPUBLICA coincide o no con su propia subjetividad. Incluso puede pasar que el lector saque conclusiones nuevas, a partir de confrontar sus ideas con el contenido de esa cronología.
Por ese motivo el éxito del Anuario 2009-2010 ya es una realidad entre los miembros de la academia y del sistema político, así como entre los lectores siempre inquietos por comprender como marcha la sociedad en que viven, para poder hacer los balances necesarios y así proyectarse al futuro.
Un futuro que estará condicionado no solo por las ideas que vendrán que serán fundamentales sino también como consecuencia del pasado reciente, que siempre termina condicionando los pasos a dar.
El Anuario, luego de contener la cronología, transmite sin ningún tipo de ocultamiento cuál es la propuesta periodística de LA REPUBLICA todo intento de la neutralidad hipócrita.
En las páginas del Anuario hay un claro y firme compromiso con el proyecto de cambios que se inició con el gobierno de Tabaré Vázquez en 2005 y que ahora se continúa, sobre nuevas bases, con los primeros 100 días del gobierno de José Mujica.
Un compromiso que no se cierra sobre sí mismo, que no se abroquela en torno a un pensamiento cerrado, sino que se abre a todas las corrientes políticas, filosóficas y culturales, partiendo de la base de que lo más importante es la confrontación sana de ideas.
Confrontación para avanzar, para seguir cambiando, para que la felicidad se transforme en nuestro país en una seña de identidad.
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