Talvi sobre la nueva reforma tributaria: informe sobre ciegos o conjura de los necios
Las recientemente anunciadas modificaciones al sistema tributario, en particular la imposición de los ingresos generados en el exterior, han desatado una serie de reacciones en contrario que, por previsibles, no sorprenden en algunos casos aunque causan verdadero estupor en otros. Entre las primeras se cuentan aquellas provenientes de profesionales, especialistas en el tema cuyas motivaciones son fáciles de identificar con los supuestos intereses de sus actuales y futuros clientes así como por un legítimo afán de demostrar que los mismos necesitan contar con su muy bien remunerados asesoramiento. Entre las segundas se cuentan las formuladas por autodenominados expertos académicos cuyas pretensiones dicen ser de mayor alcance. Según se afirma se trata, en estos casos, de analizar las reformas desde el punto de vista del interés general, es decir objetiva y desinteresadamente, sin otra ambición que la de contribuir a la mayor eficiencia y justicia del sistema tributario. Sin embargo, como veremos inmediatamente, es en este tipo de análisis seudo científicos donde se deja traslucir más claramente la carga ideológica que siempre tiñe el debate tributario. Un ejemplo típico es la reciente exposición del economista Ernesto Talvi sobre el tema, titulada «Incertidumbre global, vaivenes en Argentina y euforia en Brasil», «en la que no sólo se detectan serias contradicciones y sofismas formales sino que también se hacen afirmaciones sin base en torno a las consecuencias de la reforma que, extrapoladas a su límite lógico revelan que el conferencista se encuentra afectado por alguna dolencia paranoica que lo lleva a atribuirles propósitos ocultos no sólo a los autores de dicha reforma sino al Estado como institución. Todo ello sumado al supuesto de que la ciudadanía se compone de un abigarrado grupo de individuos negligentes o ignorantes, de necios, en suma, como los denominara John Kennedy Toole, y que por ello se ven embarcados involuntariamente en una conjura orientada a reforzar el poder estatal a costa del individuo.
Lamentablemente no contamos con el texto completo de la exposición de Talvi, así que tendremos que referirnos al resumen de prensa de tan venerable manuscrito tal como se publica en la página web de Ceres (//www.ceres-uy.org/pdfs/ResumenPrensajunio2010.pdf) y a otras apariciones de Talvi en la prensa. Pero comencemos por las contradicciones formales en las que incurre Talvi ya que estas son introductorias de lo que he dado en llamar su «Informe sobre ciegos», por sus analogías con esa pieza excepcional de la literatura de ficción confeccionada por el escritor argentino Sábato, en la que se describe de forma magistral la construcción de una obsesión paranoica. Ya en las primeras líneas de su intervención Talvi se guarda de acusar al actual gobierno de tener intenciones ocultas con las medidas propuestas. En este caso se trataría de utilizar la información acumulada a partir del nuevo impuesto para salvar eventuales dificultades fiscales que surjan en el futuro. Aparentemente hasta aquí Talvi opina que el nuevo impuesto tiene un interesante poder recaudatorio. Sin embargo unas líneas más adelante, cuando intenta justificar sus argumentos en contra, Talvi afirma que el impuesto no se justifica por razones fiscales ya que «Este impuesto recaudaría poco o nada». El economista en efecto habla «De un estado que puede llegar a legislar la repatriación compulsiva de parte de los ahorros, colocando, por ejemplo, un bono patriótico en tiempos de crisis» y generando deudas contingentes con el Estado por el dinero no declarado. «Algo así», agrega, «como un impuesto a la repatriación de capitales».
Después de haber desestimado las razones alegadas por el actual gobierno para imponer los depósitos en el exterior, Talvi se plantea la pregunta retórica a cuya respuesta apuntó desde el principio: «Uno se pregunta si detrás de estas medidas no habrá otras razones». Y se responde: «Las del poder». Como en el «Informe sobre ciegos», para Talvi se trata de ir construyendo pasito a pasito un poder (el Estado, en este caso) que todo lo ve y todo lo controla. «Pero entonces no se trataría de un tema tributario, sino de un entredicho entre la libertad individual y un Estado que avanza sobre los derechos de los ciudadanos», conjetura.
Afortunadamente existen iluminados como Talvi que están dispuestos a salvar al ciudadano de los ciegos y de los necios aun a riesgo de que a ellos mismos les apliquen un adecuado diagnóstico psiquiátrico.
A esta altura es conveniente someter al lector a un breve test. Si puede imaginar a un futuro ministro de Economía uruguayo, llámese Lorenzo o Astori, o incluso De Haedo, o cualquier otro respetado profesional recorriendo el mundo como un sabueso siguiéndole la pista a los depósitos informados anteriormente y luego ingeniándose para expropiarlos. Si puede hacer eso sin que lo ataque un acceso de hilaridad incontenible, entonces cuídese porque la paranoia es contagiosa. Si en cambio puede tomar en serio tamaña imagen entonces quédese tranquilo porque de acuerdo a Talvi ha comenzado a despertar y a abandonar la conjura de los necios.
Toda esta discusión podría reducirse a un inocente debate académico si no fuera porque los dichos de Talvi conllevan un riesgo de inestabilidad digno de mencionarse. Tómese, por ejemplo, su radical desconfianza a las instituciones financieras del país, expresada en sus continuas referencias a la posibilidad de que, en caso de crisis, los ahorros localizados en el país «se evaporarían». Si esto no es una invitación a la fuga de capitales y a la desinversión, no sé como denominarlo. Me recuerda determinadas alocuciones hechas por algún candidato en tiempo de elecciones. Sea cual sea el nombre que se le quiera asignar a estas afirmaciones, representan una verdadera traición al sentimiento patriótico que se supone todos los uruguayos deberíamos alentar, inclusive algún economista desnorteado por los vientos liberales.
Pero no temamos al poder autorrealizador de las profecías talvianas puesto que estas se caracterizan por su escaso valor predictivo. Recordemos que hace apenas dos años vaticinaba muy suelto de cuerpo una fuerte recesión en 2010.
1 «La conjura de los necios», John Kennedy Toole, Editorial Anagrama, Barcelona (1992)
2 «Informe sobre ciegos», pp 245-376, en «Sobre héroes y tumbas», Ernesto Sábato, Editorial Sudamericana, Buenos Aires (1965).
Compartí tu opinión con toda la comunidad