¿Los de adentro somos de palo?
Ya hemos analizado (1) las causas de «la merma de votos» que denominamos «externas», es decir, fuera de las posibilidades de corregirlas internamente por el FA, y que nos llevaron a plantear que, en este caso, valga la paradoja, que «los de afuera no son de palo».
Pero, ahora, debemos encarar los problemas internos. Aquellos originados por situaciones infelices o erróneas, de malos cálculos y planteos, que nos han llevado a «perder votos y adhesiones» en el imaginario electoral.
Para ello se hacen imprescindible la honestidad y la sinceridad, evitando caer en la «altercrítica», cuando es necesario hacernos una autocrítica a fondo. Porque empezar por intentar destacar la importancia de «la paja en el ojo ajeno», no nos va a llevar a otra cosa que a ignorar, como forma de, realmente, no atacar las verdaderas causas, que vienen desde bastante atrás, aunque recién nos animemos a sacarlas de debajo de la alfombra.
1- Lo primero que se nos ocurre, apelando al método de las prioridades, es ver cuánto ha influido la desacertada conducción central del FA, en la cual la figura del ingeniero Brovetto y su continuidad latente han jugado un rol principalísimo. Pero no se trata de encontrar, en forma simplista, «una cabeza de turco», pues, además de, y sin quitarle trascendencia a ella, hay carencias en muchos otros órganos y cargos.
Pero comenzando por el principio ponderadamente prioritario, creemos que la política desarrollada desde la presidencia del FA, intentando hacer que la fuerza política cumpla, como principal y único objetivo, el rol de «furgón de cola» del «tren» conducido por Tabaré, destinando esfuerzos al «viva viva» y a la defensa incondicional de lo hecho por el gobierno, aunque sin analizar si hubo acierto real o no, ha llevado a la fuerza política a ese papel de vaciamiento o de «inexistencia política» que se le señala con acierto.
Y , por si pareciera esta una acusación sin fundamento, baste el sinceramiento del propio ingeniero Brovetto en un alto organismo del FA, en el cual hubo confesión de parte, sin ambages, de su rol.
No es imaginable, como mecanismo idóneo, que la corrección de errores que tienen a la dirección central como principal protagonista se realice bajo la supervisión de los mismos responsables de haber elegido o seguido (el «seguidismo» demostró ser mal consejero…) el camino fallido. Todo esto expresado sin la menor intención de menoscabo de la persona de Brovetto, sino juzgando el rol asumido y evaluando los resultados.
Urge la elección de un nuevo presidente, y con él, de un nuevo equipo (secretario, presidentes de comisiones centrales, recomposición y puesta en funcionamiento de las que fueron quedando cesantes, por los mismos motivos, etcétera).
2- Un segundo elemento fundamental a tener en cuenta es la aplicación práctica de un nuevo relacionamiento de la fuerza política con sus mandatarios en el gobierno.
Comenzando con la imprescindible condición de que el presidente del FA no integre ningún cuerpo ni cargo en el gobierno. Los hechos vividos me eximen de poner antipáticos ejemplos, de los que hay muchos.
Uno de los roles de la fuerza política será el de analizar y controlar los actos del gobierno en materia de grandes líneas, evitando el apartamiento de lo que señala el programa por el compromiso de cumplimiento del cual los mandatarios de la fuerza política han llegado a sus ubicaciones gubernamentales. Otra regla ineludible debe ser la consulta en aquellos casos no previstos en el programa y que tengan el carácter de grandes decisiones.
No es posible que aceptemos pasivamente que un representante de la fuerza política inaugure y ponga en funcionamiento peligrosas tesis como la mentada «del cordón umbilical», bajo la cual se puedan hacer cosas inclusive contrarias a muy preciados principios históricos (2) que fueran la base de la fundación de la fuerza política.
La subversión de roles del organigrama frentista debe ser precisamente aniquilada.
Debería haber un compromiso expreso asumido, y refrendado hasta por escrito, en tal sentido. Y las correspondientes sanciones a las violaciones constatadas.
3- Un tercer elemento inevitable a considerar con prioridad es el relacionamiento interno entre grupos políticos y lo que se denomina genéricamente como «movimiento».
No es posible seguir aceptando con pasividad cómplice la infiltración de los grupos políticos en organismos «de base», como en el caso de los delegados de las coordinadoras y departamentales al Plenario Nacional, en muchos casos previamente digitados por grupos políticos inclusive llegándose a la elaboración de «listitas», prolijamente impresas y predistribuidas, algunos de los cuales se han puesto de acuerdo para votarse «entre sí», monopolizando los cargos en su favor con los fines imaginables e impidiendo la posibilidad de que accedan otros valiosos compañeros que no les son «fieles». Ella es una causa central en materia de «vaciamiento político» de los comités de base, dado que, además, los compañeros se cansan de dedicar muchas horas que restan a su descanso y aun a su actividad, para terminar tomando resoluciones que son desoídas y que caen en el océano de la desatención por parte de los grupos políticos que copan la dirección real y actuante de la fuerza política.
Y nos quedamos por aquí, en esta primera aproximación a las causas de la pérdida de votantes en el FA, marcando tres prioridades esenciales, y prometiendo agregar los capítulos que sean necesarios.
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