Carta abierta a Don Pedro

Debo reconocer que al margen de tener ambos sangre vasca y ser hinchas de Wanderers, no tengo ninguna otra identidad que yo sepa, política particularmente, con el líder o jefe del Partido Colorado don Pedro Bordaberry. Salvo, claro está, nuestra total repulsión y antagonismo a la original viejísima idea de las fusiones de los mal llamados (dos) partidos fundacionales. Digo mal llamados pues el fundacional, único de siempre, ha sido el Partido blanco o Nacional, que integró «in totum» las filas de los 33 Orientales (menos uno, Manuel Freire, fusilado en Quinteros por su correligionario el general Anacleto Medina…) provenientes del federalismo americanista artiguista, nuestro amado padre. Los «otros» fueron «de siempre» unitarios y hasta pusieron la cabeza de Artigas a precio en varias ocasiones. Ejemplo de ello es la carta del pardejón al entrerriano Ramírez, la más emblemática…por anarquista, asesino y causante de todos los males que sufren nuestros pueblos… Según ellos, claro está, y firmada por Perafán de la Rivera, el pardejón…) Don Pedro: no obstante este preámbulo aclarativo, conviene señalar que esta repulsa mutua no creo que sea personal sino ideológica desde lejanos tiempos de la patria vieja y jamás olvidada, al menos por nosotros, por razones que abundan. El «odio» que ustedes los colorados le tienen a los blancos sólo es comparable con la repugnancia que nosotros los blancos ideológicamente le tenemos a los «salvajes» colorados, hijos de don Frutos… Decía el maestro don Pivel Devoto: «Nadie que estudie objetivamente la historia patria, puede dejar de ser blanco». Baste leer el informe de Thiers, canciller de la época en Francia, sobre la Guerra Grande, y asombra el detallismo del cual con honestidad intelectual el francés hace gala, señalando hasta con lujo de detalles, en las cantidades que los imperios compraron a los unitarios, general por general, incluido, claro, vuestro «respetado» Fructuoso Rivera, al que terminaron haciendo presidente.

¡Bueno fuera después de los desvelos del pardejón! Los que nacimos en la política a la sagrada sombra de las ideas del Sr. libertador Oribe, creador de naciones, defensor de las leyes y constituciones, constructor de iglesias, cultor de la moral pública, incluida la administrativa, en la que dictó ejemplo de gobierno propio, rector de culturas, incluyendo la universitaria y demás etcéteras que no nos daría el espacio enumerar, el solo pensar juntarnos con los salvajes nos produciría náuseas e iríamos a la puerta del diario «caganchero» a «ejercer el vómito». Ni tampoco me lo imagino a usted, no sé si por similares razones patrias, pero es obvio que tendrá legítimamente las suyas, poder verlo sentado en el honorable directorio debajo de un gran retrato de Wilson… O sea, ambos por razones claramente diferentes, somos distintos y es hasta ofensivo que un grupo de pelucones sin amor a la historia quiera identificarnos unitariamente.

Los blancos con los blancos, decía Wilson, y los riveristas colorados, donde capaz que anda usted también por razones históricas «maninistas», con los suyos.

¡Sin entreveros! (También frase de Wilson…) No tuvimos la misma «cuna» ni los mismos ejemplos Ahora, si el periódico caganchero no lo entiende así y en su pánico por ganarle al frentismo y sus bolches quiere destruir los partidos construyendo un travestismo nuevo partidario, es un problema de su conciencia y creo que lo mejor es aislarlo con supino desprecio. Por todo ello, vi con simpatía su radical negativa para acordar con los blancos y espero que no se arrepienta. ¡Juntos, ni en misa!

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