La verdad se abrirá paso

«Fue mi hijo a quien agarraron por los pies, lo golpearon salvajemente, lo apuñalaron con un cuchillo en su vientre, le quebraron una mano, y lo arrojaron al mar desde la cubierta más alta».

Esto lo escribió Merav Petito, padre de uno de los primeros soldados que aterrizaron en la cubierta del «Mavi Marmara». Aún no había sonado ningún disparo. «Se espantó al descubrir que los amantes de la paz, los inocentes muchachos en el barco…son una jauría de lobos que se cubren con la capa de Caperucita Roja».

El artículo pasó desapercibido entre el aluvión de críticas que cayeron sobre Israel; algunas de ellas, las menos, se prestan a una discusión racional; el resto, la mayoría, contaminada por una virulencia antiisraelí ­y otros «anti»­ tan intensa, que podría incorporarse a una antología del odio y la discriminación.

En Gaza no hay escasez alimentaria. Desde el punto de vista humanitario esto es esencial, y repercute en la legalidad de la acción por no configurarse el estado de necesidad. (Manual de San Remo aplicable a conflictos armados en el mar-1994). Ninguna región del mundo recibe más ayuda humanitaria por habitante que Gaza. Excede largamente los 5.000 millones anuales con los que la URSS en su apogeo, ayudaba a Cuba. Además de otras fuentes, en 2009 entraron 5.300 camiones desde Israel, y actualmente ­información no confirmada­ Israel envía 15.000 toneladas por semana.

En la organización de la flotilla jugó rol esencial la I.H.H. (sigla en inglés de «Ayuda Internacional Humanitaria»), organización turca conectada, bajo su cobertura filantrópica, con grupos radicales de Irán y Argelia.

Desde hace semanas, los promotores de la flotilla rechazaron los ofrecimientos israelíes para llevar la carga del «Marmara», escoltada por un navío israelí, hasta el puerto israelí de Ashdot, y desde allí por vía terrestre a Gaza, tal como si hizo en casos anteriores, y ahora con el «Rachel Corrie» y los restantes cinco barcos de la flotilla del «Marmara». Similar rechazó tuvo el pedido de la familia de Guilad Shalit, para hacer llegar ayuda y cartas a su hijo, capturado por Hamas hace cuatro años.

La víspera del enfrentamiento con el «Marmara», la TV de Qatar transmitió un video cuyas consigna era «Khaibar. El ejército de Mahoma volverá» (La masacre de Khaibar en el 628, cuatro años antes de la muerte del Profeta, marcó el fin de la presencia judía en Arabia).

Testimonios de videos que registran la secuencia confirman que los soldados se ajustaron a las normas del Código de Etica del Ejército de Israel, que permite disparar si la vida de un soldado está en peligro.

En función de estos hechos (recogidos de prensa nacional y extranjera, televisión árabe, Porisrael Foundation R.A y sus colaboradores, Internet.,etc.) resulta que el objetivo de quienes planearon la expedición no fue llevar ayuda humanitaria sino romper el bloqueo naval, embretando a Israel, en «callejones sin salida escenificados meticulosamente de antemano», como escribiera en este diario el embajador de Israel Dori Goren.

Si Israel accedía a que la flotilla continara su ruta, «de forma que permita el rearme del Hamas por vía marítima», en lugar de interpretarlo como una concesión israelí para destrabar la situación, los palestinos proclamarían la victoriosa ruptura del bloqueo y la humillación de Israel. Peor aún, señalaría el camino para obtener concesiones a la fuerza, por vía de hechos consumados, y no por medio de la negociación.

Si Israel, en cambio, no permitía la ruptura del bloqueo naval, como efectivamente sucedió, se lograría «la condena automática mundial», exacerbada en este caso por la muerte de los nueve militantes turcos. También resultaron heridos diez soldados israelíes, algunos de ellos de gravedad, pero esto no es un insumo apropiado para la indignación mediática que se desató.

Se dice que Israel cayó en la trampa. Sin embargo, quienes de buena fe critican la acción israelí deberían preguntarse qué debió hacer cuando los cabecillas del «Marmara» desoyeron las soluciones propuestas, y desafiaron frontalmente el bloqueo. La responsabilidad por el derramamiento de sangre no recae sobre quien cayó en la trampa sino sobre quién la urdió. También cayeron en la trampa los pacifistas que creían que estaban participando en una acción humanitaria, cuando en realidad se trataba de una apuesta propagandística riesgosa y perversa en beneficio del Hamas.

Israel ya anunció su disposición a reiniciar el diálogo para lograr una paz que «contemple el derecho legítimo al Estado de Israel y el derecho de los palestinos…» (editorial de LA REPUBLICA). Confiemos que la Autoridad Palestina tenga la misma disposición.

En cuanto a los hechos, debería integrarse una comisión investigadora de personalidades insospechables, inmunes a cualquier tipo de presión e intimidación, y con las más amplias facultades para recabar tanto el material documental relativo al episodio, como los asesoramientos técnicos y legales, aclarando el rol jugado por otros gobiernos y por las entidades organizadoras, conexiones, financiación, y todo aquello que estime pertinente.

La Cancillería estuvo prudente al expresar su preocupación. La verdad se abrirá paso sin necesidad de arrimar leña a la hoguera.

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