Artistas con una pelota
Mañana comienza un nuevo mundial de fútbol, esta vez en Sudáfrica. Allí estará, una vez más, la celeste con toda su historia, pero también con un fútbol atildado de un grupo de muchachos.
Seguramente mañana el país se paralice, porque el fútbol es para los uruguayos uno de los factores culturales más destacados. Por eso nos parece bien que las autoridades de la enseñanza permitan que en los centros educativos los estudiantes compartan la emoción del juego.
No han faltado voces, en estos días, que manifiestan su queja porque los estudiantes perderán algunas horas de clase. Nos parece un punto de vista equivocado.
Si el cuerpo docente tiene ante esta realidad un pensamiento creativo, el mundial de fútbol es también la gran oportunidad para ejercer el acto educativo con una perspectiva distinta, de acuerdo a la hora.
Los educadores tienen ante sí la posibilidad de desarrollar conocimientos de geografía, de historia, de cálculo, con un cuerpo estudiantil motivado e interesado.
También se podrá difundir valores, extendiendo el necesario espíritu deportivo que debe ser lo que prime en Sudáfrica, país que luego de derrotar el apartheid hoy abre las ventanas de su casa a todas las razas.
Deseamos, a 24 horas del primer partido contra Francia, que nuestra Selección llegue lo más lejos posible y que nuestros jugadores muestren su garra y entrega, para lograr los mejores éxitos.
Sabemos que no estamos entre las potencias mundiales del fútbol y que por eso será muy difícil colocarnos entre los cuatro primeros equipos del mundo. Pero no es imposible.
Es de esperar que mañana nuestra cultura futbolística se exprese de la mejor forma, con calidad técnica y un excelente juego de equipo.
También es de esperar que todo el pueblo uruguayo viva con emoción no solo el juego de nuestros muchachos, sino que también se sienta que hay una sociedad que se identifica con este juego donde lo colectivo y lo individual, si se dan juntos, son factores que permiten que los pueblos se sientan mancomunados.
No debe haber lugar para falsos patriotismos y nacionalismos. No estamos en Sudáfrica para librar una guerra, sino para practicar un juego que conmueve al mundo cada cuatro años. Que lo paraliza por una buena causa, donde por encima de camisetas y de países lo que queda para siempre grabado es la genialidad de los hombres, para hacer una bella obra con una pelota.
Como dijo el presidente José Mujica: «Que se diviertan, muchachos». Y si ganamos, mejor. Claro que mejor.
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