EDITORIAL

Curso muy rápido de funcionamiento de la democracia

Si nos atenemos a prácticamente todas las versiones de la prensa escrita sobre la reciente sesión de la Asamblea General, se coincide en señalar y destacar que los partidos de la derecha se retiraron de sala y que el Frente Amplio, apeló al mecanismo de detentar la mayoría de votos, en otras palabras, todos entendimos que nos querían subrayar que el partido de gobierno «metió la pesada».

Entendemos que es una versión tergiversada de la realidad e, invitamos al lector, a releer nuestra editorial del lunes pasado (que fuera duramente criticada por Búsqueda, el auto proclamado ¡defensor de la libertad de prensa!).

¿Por qué definimos que textualmente se utilizó titulares que son media verdades y subliminalmente se buscó predisponer a los lectores contra la actitud del Frente Amplio?. Muy sencillo.

Empecemos como en la escuela, desde el principio. Para definir un equipo de gobierno, la ciudadanía elige cada cinco años de acuerdo a su leal saber y entender a los que entiende mejor la representan. A veces, quien obtiene mayor cantidad de votos lo logra por una diferencia importante, otras veces, es más ajustada.

Así sucede en el mundo y nuestro país no escapa de esa realidad. Desde que hubo elecciones semidemocráticas luego de la dictadura (con candidatos proscritos), el Uruguay fue gobernado por quien obtenía mayoría de votos. En una segunda instancia, con participación de todos los candidatos sucedió lo mismo, con la característica de que el Frente Amplio crecía de manera exponencial, por lo que los partidos Nacional y Colorado se vieron necesitados de apelar a acuerdos electorales y repartija de cargos para obtener mayorías parlamentarias. En ese momento, ningún medio de prensa titulaba que colorados y blancos, descartaban el diálogo, la negociación y apelaban a la mayoría parlamentaria que entre los dos contaban. Ni a Búsqueda ni a El País les parecía extraño, nos atreveríamos a afirmar que les parecía algo natural, lógico.

Así fue como el país fue enriqueciéndose de un menú de leyes sin ningún consenso social, y mucho menos político, que en la mayoría de los casos respondía a necesidades de los intereses que defiende la derecha.

Cuando el panorama pasó de oscuro a tenebroso, inventaron una serie de modificaciones en las leyes electorales de manera de impedir el triunfo del FA. Por este mecanismo lo lograron sólo una vez. La máquina mata al inventor porque en el siguiente capítulo electoral el partido del ciudadano de a pie obtuvo, por sí solo, mayoría parlamentaria y aquí comenzaron los problemas, ya que cayeron en la cuenta de que se podía prescindir de ellos (es más, no aceptaron cargos que les correspondían en entes, etc, actitud que fue rápidamente corregida en esta última elección). Y fue entonces que se empezó a desarrollar la tesis de apelar a las mayorías, de avasallar a las minorías, etc, etc.

Nuevamente, volvamos a lo más simple. Si más del 50% de los uruguayos quiere ser gobernado por determinado partido (no por un arreglo interpartidario), es un signo claro de que ese grupo político tiene respaldo para gobernar de acuerdo al programa por el que fue elegido (¿ todos tienen programa?), y cuenta con el aval de la mayoría de los ciudadanos.

Que es mucho mejor lograr un amplio consenso, por lo menos desde el Frente Amplio no se discute, se desea, postura que nosotros compartimos y apoyamos. Que no han existido gobiernos que consulten de manera tan amplia, que informen tan de cerca al ciudadano, tampoco es un pecado del que se pueda acusarlo, la prueba está que por segunda vez obtuvo una mayoría parlamentaria.

Finalmente, nos llama la atención que un Partido Nacional, que ha sostenido hasta el cansancio que no está de acuerdo con un Parlamento del Mercosur, que ha fundamentado que el bloque es de carácter comercial y nada más que eso, que ha utilizado el Parlasur para atacar sistemáticamente a Venezuela, ahora, cuando las papas queman (se ve que aprendieron que no pueden darle la espalda a cargos y espacios políticos que les corresponden proporcionalmente) se pusieron parlamentaristas y no llegaron a un acuerdo con el gobierno sobre la representatividad. Este desacuerdo se basa en que querían tener la misma cantidad de votos.

Estos desarreglos del Partido Nacional, estas idas y venidas, no le hacen bien al país. Deberían discutir internamente y a fondo cómo funciona la democracia y en qué consisten los bloques regionales, qué función cumplen, y cómo deben funcionar, al tiempo de entender que las mayorías tienen mayor poder de decisión que las minorías ( salvo en las dictaduras).

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