Las trampas para no poder entrar al primer mundo
La decisión de nuestro gobierno de apoyar el derecho de Irán a desarrollar la tecnología nuclear para fines pacíficos en la reciente reunión de Punta del Este en el marco de la IV Asamblea del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, marca una política de independencia de nuestro país y la ratificación del principio de democratizar y no apoyar los monopolios en el desarrollo de la alta tecnología.
La posición oficial del gobierno tuvo lugar en un encuentro bilateral que se mantuvo con la delegación de Irán en ocasión de la Asamblea del Fondo para el Medio Ambiente Mundial.
Definitivamente el país optó por no innovar en este tipo de políticas llevadas adelante por los países desarrollados de impedir el acceso a las tecnologías de punta por los países que bregan por ascender en la escala y mejorar sus condiciones de vida.
Naturalmente que el apoyo de Uruguay no cambia el mapa mundial, pero sí marca que continuamos en aquel camino que iniciamos en algún momento de reconocer por ejemplo el Estado de Israel, de ser la sede de la Ronda Uruguay en búsqueda de acuerdos mundiales para obtener condiciones de comercio más justas para todos, y tantas otras posturas como integrar el otrora poderoso conjunto de países subdesarrollados aglutinados en el Movimiento de Países no Alineados, o en reconocer la masacre de armenios y kurdos, así como al Estado Arabe Sarahuí y al Estado Palestino.
Son todos signos de soberanía y de una filosofía que con altibajos se mantiene por nuestro país.
Claro que reconocer el derecho de Irán a contar con uranio enriquecido en un 20% no implica en absoluto apoyar que se lo siga enriqueciendo de manera de poder fabricar armas nucleares. Pero esta tesis es un nuevo capítulo de las políticas de ciencia ficción que hemos vivido últimamente preparadas e impuestas por los estudios de ciencia ficción: Casa Blanca and Company.
Desgraciadamente el mundo aceptó sumisamente la masacre del pueblo iraquí alentada por los intereses petroleros representados por el empresario petrolero George W. Bush y los intereses de la industria armamentística representados por el vicepresidente de los EEUU Dick Chenney.
Parecería que los intereses económicos son tan fuertes y están tan entrelazados entre varios países desarrollados que están nuevamente preparando una masacre, ahora en Irán para poder facturar tranquilos. El problema radica en que el resto del mundo parece no entender cómo es la maniobra. Más bien no quieren entenderlo.
Los israelíes podrán afirmar que es un peligro para la seguridad de ellos el que Irán posea armas nucleares. Y tienen razón, pero las armas nucleares que ellos poseen y que todo el mundo está al tanto pero mira para otro lado y no cuestiona, son un peligro para el mundo árabe.
No se trata de dirimir quién tiene o no armas nucleares, en realidad ese es el gran verso, es el grito del tero, para ocultar las verdaderas intenciones.
Lo real es que molesta, preocupa, el desarrollo tecnológico de los países subdesarrollados y más si están ubicados en una zona que las grandes naciones han logrado que sea permanentemente conflictiva.
Brasil, que busca posicionarse sólidamente en primera división ha marcado la cancha, Uruguay le apoya, hemos mantenido desde hace muchos años buenas relaciones con todos los países del Medio Oriente y no es el momento de abandonarlas sino de profundizarlas y así como fuimos los primeros en ratificar el acuerdo de TLC del Mercosur con Israel, también debemos profundizar nuestras relaciones y nuestro comercio con toda esa región.
En algún momento caímos en la trampa de que, sin apoyar explícitamente, lo hacemos por la vía indirecta del silencio, En esta ocasión hablamos claro, mientras no se demuestre lo contrario apoyamos a Brasil y Turquía, que en el fondo es defender el derecho de soberanía y de autodeterminación de los pueblos.
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