Cambio climático: lecciones de la nueva catástrofe

La catástrofe ecológica y humana ocurrida en el Golfo de México el pasado 20 de abril, causada por la explosión y hundimiento de la plataforma petrolera Deepwater Horizont, de la multinacional British Petroleum (BP), continúa, dos semanas después, su marcha devastadora hacia los Estados Unidos, alcanzando las costas de Luisiana y sus tierras húmedas en la desembocadura del Mississippi, Nueva Orleans, Alabama y Florida.

Miles de trabajadores, embarcaciones, cerca de 20.000 militares y voluntarios, trabajan denodadamente para intentar frenar el avance de la marea negra y atenuar las consecuencias de la que se considera la mayor catástrofe ecológica de la historia del país.

Bobby Jindal, gobernador de Luisiana sintetizó la dimensión de la tragedia: «El petróleo que llega a nuestras costas no amenaza solamente nuestra fauna, nuestra industria pesquera, nuestras costas. Amenaza también, literalmente hablando, nuestra forma vida».

El testimonio de algunos pobladores de la zona, fundamentalmente pescadores, resulta dramático y alude, además de a su existencia material dependiente del mar, a una armónica relación con el entorno.

No faltan las amargas críticas contra el poder de las grandes multinacionales frente a las cuales los gobernantes resultan dóciles administradores.

Hay críticas explícitas a la demora de la Administración Obama en hacerse presente en la zona y anunciar algunas medidas, ya que todos recuerdan la conducta del entonces presidente George W Bush, que tardó días en visitar, desde el aire, la zona del desastre causado por el huracán Katrina, en Nueva Orleans que causó 1.200 muertes.

Formuló promesas de ayuda y reconstrucción que nunca cumplió. Y se preguntan si Obama hará lo mismo. Finalmente Obama llegó, habló con algunos pobladores, responsabilizó categóricamente a la British Petroleum del desastre.

La empresa por su parte asumió la responsabilidad del accidente y prometió hacerse cargo de los costos gigantescos que la limpieza del crudo derramado demandará. Pero no aventuró cuanto tiempo pasará antes de que pueda frenar el flujo del crudo hacia el mar.

En un excelente artículo del analista y matemático Gonzalo Perera (ver Contratapa de LA REPUBLICA, del 04-05) a propósito de este nuevo desastre ecológico, el autor se preguntaba si no sería la oportunidad de extraer conclusiones positivas revisando criterios y actuando en consecuencia. Una de las primeras respuestas a esa interrogante ha tenido un origen un tanto inesperado. Arnold Schwarzenegger, gobernador de California por el Partido Republicano, anunció la suspensión, luego de lo ocurrido en el Golfo de México, de las prospecciones que había proyectado en las costas del Estado. La decisión tiene un valor agregado que la enaltece.

California, el Estado más rico de la Unión, con 37 millones de habitantes, ha sido uno de los más castigados por la crisis financiera actual, y tiene un déficit presupuestal estimado en 30 billones de dólares. Las perforaciones proyectadas le hubieran proporcionado algún alivio, pero dijo que buscará alguna otra forma de obtenerlo.

También Obama, que había incumplido sus propios planes de preservación del medio ambiente proyectando perforaciones en zonas costeras y en Alaska, igual que su funesto antecesor Bush, se vio obligado a dar marcha atrás. Puede ser el incipiente comienzo de una nueva actitud. Pero en cualquier caso está en los pueblos la posibilidad de empezar ya una nueva forma de vida para evitar el previsible colapso.

Mientras esto ocurre en Estados Unidos, en el lejano Norte, el volcán islandés ha vuelto a vomitar cenizas que obligaron a la suspensión temporal de algunos vuelos. Pero en cualquier caso un dato de que continúa activo.

El clima social no es menos inquietante. En Grecia las masivas protestas populares ante la cura de caballo que el FMI y los «hermanos» europeos le han impuesto para intentar salvarlo, han cobrado ya las primeras víctimas mortales. Y el temor al contagio agrega un factor más de incertidumbre ante una situación que nadie parece controlar.

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