El hotel Liberty
Invitado a concurrir a la muestra de fotografías de ese merecido ciudadano ilustre que es Aurelio González, tuvimos que allegarnos a la ciudad de Buenos Aires, e ir hacia el local de Casa Zitarrosa, situado en el viejo pero espléndido edificio de la Central Ferroviaria de Mitre y Pueyrredón, dicho sea de paso están instaladas docenas de ONG sociales y culturales, autorizadas y controladas por el Ministerio de Cultura de la Nación.
Pero previamente, desembarcamos y nos trasladamos hacia el hotel reservado por el departamento administrativo de la Junta Departamental de Montevideo. No era otro que el del título: el hotel Liberty.
Llegar hasta el hotel fue rápido, pero moverse dentro del mismo me resultaba lento, muy lento, una multitud de emociones sacudían mi cuerpo y removían el alma: aquí, en este lugar, pernoctó Zelmar, es más, lo transformó en un centro donde se vinculaba con los emigrados en un momento de dispersión, terror y desesperación. Era un faro que daba luz en las tinieblas, era una voz que resonaba en la Argentina, en el Uruguay y en el mundo.
Y de ahí (una plaqueta en la entrada lo recuerda) se lo llevaron, como a García Lorca, no hacia la fuente Viznar ni a las cinco de la tarde, pero se lo llevaron y eligieron la calle Dellepiane para arrojarlo a él y al «Toba» Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y Whitelaw, como una demostración de fuerza, barbaridad y muerte, y así hacer cundir el miedo y el temor hasta generalizarlo, hasta las entrañas, y así paralizar la protesta y la resistencia.
Un crimen bárbaro, un asesinato cuyo objetivo era silenciar la voz de los sin voz.
Y fue ahí, en el Liberty, donde se consumó el secuestro de una de las figuras más señeras y relevantes de la política nacional.
En esa vereda falta algo, y es una placa, con un sol uruguayo que hable y diga algo así: «los uruguayos, por siempre, Zelmar estás en nuestros corazones».
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