"¿Bicentenario?: el pueblo quiere saber de qué se trata"
«El pueblo quiere saber de qué se trata», decían en la plaza de Mayo hace doscientos años, los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, en las jornadas que llevaron a constituir una Junta de gobierno el día 25 de Mayo, conformada por nueve integrantes, muy notorios algunos en lo que hace al devenir de la historia argentina cual fundadores de «una nueva Nación», como reza el Himno Nacional argentino, tal el caso de Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Juan José Paso.
En estos días se cumple el bicentenario de tal acontecimiento trascendente para toda Hispanoamérica y el sarcasmo absurdo y el anacronismo siguen configurando la alegoría de la historia argentina, pues el pueblo sigue queriendo saber de qué se trata. Los condicionamientos impuestos a la misma por quienes la hicieron, deshicieron y escribieron impidió la formación de este país, con un Interior despoblado y una Babilonia (Buenos Aires) parásita y antropófaga, hacen que los sueños de autonomía y progreso se hayan transformado en una pesadilla de dimensiones demenciales.
El mito de la riqueza argentina confunde, porque es parcialmente una verdad. Frente a tierras europeas y asiáticas castigadas por el trabajo constante de muchas generaciones y la acumulación de habitantes, las tierras argentinas eran y son milagrosas, verdaderamente un maná.
Trabajada para una población exigua, la horizontalidad de la pampa sigue pareciendo inacabable. Hoy Argentina ya no es dueña de sus recursos y su tierra la están comprando grupos económicos de Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Corea, Francia, China, Canadá y España, entre otras naciones. Pero no dejen de festejar este Bicentenario plagado de ocultamientos y estériles enfrentamientos partidistas.
Si la insularidad disminuye el campo de referencias, premisa imprescindible para construir tablas de valores válidas también en otras sociedades, la incertidumbre, la mentira sistemática hicieron que esta sociedad se educara en el desprecio de la ley: idea tan dominante y arraigada que a poco de andar se transforma en sentimiento y norma.
Estamos a un año de elecciones en Argentina, a mi entender, y manteniendo en suspenso cualquier manifiesto, los Kirchner serán candidatos. La presencia de Duhalde, quien, recordemos, se retiró de la vida política en 2003 para dedicarse a sus actividades privadas, volvió al ruedo siendo fiel al eterno retorno que caracteriza a los políticos argentinos, con la habilidad de quien sólo puede brillar en la arena de la hegemónica política de este país, pero no olvidemos que se celebra el Bicentenario de la Revolución de Mayo, con una población que expectante visualiza una realidad, no demasiado diferente a la de hace doscientos años, salvo está en que los avances de la tecnología permiten que desde sus hogares asistan a los diferentes actos que se llevarán a cabo, a lo largo y ancho de Argentina, visualizándolos por TV.
El Justicialismo, partido único en la Argentina, con casi el cincuenta por ciento del electorado, aparentemente anarquizante, no desea bajo ningún modo dejar lugar a una oposición conformada por estructuras políticas simuladas con candidatos simulados, los que forman parte de un monolítico aparato político donde no hay lugar para el disenso ni una real confrontación de ideas, como sí ocurrió aquel 25 de mayo de 1810.
Quien se atreve a manifestarse libremente y con idoneidad, en temas esenciales para la República, en disenso con la política oficial, no ignoramos que nadie, hoy se atreve en una Argentina que festeja el Bicentenario de una Revolución, con temor a caminar sin temores y manifestándose en libertad, sin censura de ninguna carácter, asimilándose a las maneras y modos en que aquel 25 de mayo, los patriotas lo hicieron, sin especular, sin fraudes, ni corruptelas que en la Argentina desde hace unas décadas se hicieron moneda corriente, más parece que ya forma parte de nuestro acervo.
Es preciso que, de producirse un giro de 180°, el mismo sea administrado sin trabas mentales, sin prejuicios, generosamente, abriendo la puerta a la genuina creatividad, pues, en ese lugar, se encuentra con alta precisión, el drama esencial de este milenio, que presencia la apertura de un abismo entre quienes viven y quienes dictan sobre el mundo, o piensan que actúan sobre él.
Ante lo manifestado, la celebración de este Bicentenario de la Revolución de Mayo, toma tintes necrológicos, en este milenio de las grandes muertes, que celebran orgonásticamente toda esta masa de funcionarios precipitados en carrera demencial de éxito a cualquier costo, que conforman el poder sin límites, a favor de la muerte de todo lo que tenía la poesía puesta en acto, en la construcción de ese hombre nuevo, con que el Che Guevara soñó en una revolución de ideas y modos de vida, austeros, asimilados a una naturaleza equilibrada en la que el hombre de hoy sea superado.
Se trata de incitar a las nuevas generaciones a examinar su conciencia, para que se decidan a ser protagonistas de la construcción de una tierra asimilada a un planeta que pide a gritos este giro de 180º en todas las áreas, en libertad, solidaridad y paz; asimilada a un milenio que no se comprende aún, pero que depara sorpresas inimaginables, afirmando con responsabilidad su destino y despliegue personal.
Procuro desde mi pensamiento, la formación de un sujeto, plenamente legitimado del saber y de la sociedad. Invoco un espíritu lo más similar a la vida, provisto de una triple aspiración: la de referirlo todo a un ideal que gobierna la práctica ética, la de reunir este principio y este ideal en una única idea que asegura que la búsqueda de causas verdaderas en la política, la cultura y la ciencia, no puede dejar de coincidir con la persecución de fines justos en la vida moral y política. El sujeto legítimo se constituye a partir de esta última síntesis. Ese sujeto que ya no preguntará más «de qué se trata», sino que en su compromiso consigo mism y en pleno ejercicio de sus derechos, obligaciones y garantías tendrá la respuesta, que hoy sigue vigente: ¿de qué se trata?
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