Los trabajadores no coinciden con los intereses generales
La vieja visión de la izquierda, en que los intereses obreros son los mismos que los de todo el país, se ha desvanecido. En principio, casi no existe clase obrera, y confundimos a funcionarios o trabajadores (término muy genérico) con el término «clase obrera» cuyo significante «obrero» que significa: los que trabajaban en los medios de producción. Esta clase en vías de extinción por la revolución tecno-científica, ha pasado del ser el 80% de la población en el siglo pasado, a menos del 10% en la actualidad.
Viendo hoy nuestra realidad debemos tener claro, las inexistencias de las industrias nacionales, y a consecuencia el PIT-CNT reúne básicamente a un funcionariado no perteneciente al sector productivo. Los intereses de los mismos, mayormente defienden sus reclamos en forma corporativa. Significa que como cualquier otro sector del país luchan sólo por y para sí. Por ej.: encontramos un Adeom enfrentando a la izquierda en el poder y sus integrantes realizando un juicio millonario contra la IMM. Otro ejemplo: antes de las elecciones departamentales los problemas de recolección de basura, marcan un claro corporativismo en el que indiscriminadamente, jugaron su propio partido sectorial. Los intereses del colectivo estaban en contradicción con los de ellos.
No es de extrañar, a la vez, que desde que los líderes del FA comentaron que la presencia de la izquierda en el gobierno es un problema de «gestión», descartando de hecho un tema ideológico, el planteo en el tablero de este ajedrez es otro, al que nuestro colectivo imaginario piensa y sigue con otra expectativa.
Quizás debamos tener claro, ya que la izquierda sigue con parámetros ideológicos, a pesar de que el socialismo es una utopía, a pesar de que algunos planteen que es un tema simplemente de gestión y a pesar de que se debe gobernar en un mundo de estructuras económicas capitalistas.
¿Cuáles son los parámetros progresistas entonces? Indudablemente equilibrar hacia arriba en lo social, favorecer a los de menor recurso, e incrementar los sectores de las Pymes y no las estructuras monopólicas o de «grandes cadenas» y/o gigantescos espacios comerciales (Shopping, grandes supermercados, en Europa no están en las ciudades), que devoran a los pequeños empresarios por no poder competir.
Pero tampoco podemos dar salarios en los niveles nacionales o departamentales, que no guarden relación con las entradas de recaudación de cada ente o intendencia. Puesto lo que lograríamos sería incompatible con una sustentabilidad a sostener a futuro.
Esa política tan abierta en un mundo que se cuida cada vez más, y mucho más con la crisis de la burbuja financiera, es una clara postura económica neo-liberal que no condice con nuestra prédica tradicional de fuerza progresista, ni con la realidad competitiva que nos rodea. Por ejemplo: el 80% de nuestras exportaciones son materia prima o con un insignificante agregado de mano de obra. Esto nos recuerda a la época colonial española.
Por otra parte, el tener un empresariado nacional, es esencial para no generar una economía basada en especulación financiera. Dichas economías en el mundo, están en crisis, un mix por lo menos es imprescindible implantar entre lo productivo y lo financiero. Hay en América del Sur solo dos países que importan más que lo que exportan, el Uruguay es uno y el otro Paraguay. Este termómetro que se refleja en la balanza de pagos, hace cuestionar nuestra política neo-liberal y no da mucha sustentabilidad en el futuro.
El nuevo gobierno influenciado por la política económica anterior, tiene la oportunidad de corregirla y los sectores asalariados organizados en el PIT-CNT deberán ser menos inmediatistas y marcar como política una economía algo más nacional, ligada a la tecnología para que sea sustentable globalmente.
Si cada uno defiende su chacrita, perdemos una estrategia progresista, el futuro será como el de Chile y las posibilidades de una izquierda gobernante, ni siquiera será competitiva, con lo que llaman gestión. El porcentaje de votos en blanco es un primer llamado de atención.
Los paros de ómnibus, taxis, o la basura sin recolectar, muestran una realidad de país fraccionado socialmente, fragmentación que nos hace quedar en lo inmediatista.
El poder nos pudo enceguecer. Es momento de reflexionar y cambiar.
No seguir hablando de cambios sino enfrentar los cambios y a los sectores que se oponen a los mismos, sin extremos, con cintura e inteligencia, pero con ejecutividad. La política de quedar bien con todos, cambiarla para hacer los cambios progresistas necesarios.
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