Una visión de las municipales
Desde la izquierda social aportaremos sobre lo vivido en lo que hace a la disputa por el afincamiento, la apropiación y proyección en cada territorio del país (departamentos) del proyecto antineoliberal, el que debe seguir intentando ser la respuesta y concreción al rechazo que trajo el Uruguay de 1.000.000 de pobres que desencadenó, permitió y propició la llegada al gobierno del progresismo.
La gente vota y votó siempre contra el neoliberalismo, o sea el proyecto y modelo de la derecha que siempre ha sembrado desigualdades profundas.
Sincero y honesto es decir que en algunos lugares se perdieron votos y en otras intendencias, y que sus significados eran transformarse en laboratorios de la aplicación de esos proyectos que mucho costaron y por lo cual exigía rigurosidad para la transformación y concreción.
En algunos lugares, el desgaste venía de años con gobiernos nacionales contrarios y otros nacían con gobiernos nacionales a favor y estaban llamados a producir un ascenso e impacto popular que inclinara el fiel de la balanza para amortiguar al primero.
El aire fresco era requerido para oxigenar al municipio que concentraba a casi la mitad del país pues el proyecto era uno solo.
La derecha oportuna solo destacó y mediatizó como preámbulo la disputa por los mandos de los timoneles y no por el rumbo del barco que en marcha siempre necesitaba de virajes y maniobras para seguir navegando a buen puerto y no averiar la nave.
Esta realidad hoy nos invita a repasar el pasado reciente sin verdades absolutas, combatiendo en primer lugar a los pensamientos que se posesionan como portadores de evaluaciones, caminos y salidas únicas fijando y cultivando que la alternativa a ésta empieza y termina en el mundo que lo circundan, sin escuchar y contrastar actos y programas con propios y ajenos que consensuen o amortigüen la realidad que no está aislada en el espacio y en el tiempo, que siempre será en un contexto particular dentro de una construcción histórica. Para los inundados de la costa del Río Uruguay (Salto y Paysandú), no existieron planes concretos de vivienda, hubo gusto a poco. ¿No hubo tiempo o no alcanzó éste?
Tal vez faltó cartera de tierras o un simple papel constatando una compra-venta de un terreno que significara una esperanza a futuro que los incluyera en ese tiempo y en un espacio determinado de la ciudad para demostrar que es posible vivir como cualquier ciudadano sin tener que estar todos los días mirando al cielo sus amenazas de lluvia y tormenta, que se convertían en traslados y mudanzas de vivir en la humedad y durmiendo en el piso.
En octubre la marcha de la esperanza llevada adelante por la izquierda social jugó un papel importante en desnudar a los que habilitaron y empujaron con su modelo de producción «motosierra de los 90″ a vivir en casas-botes a los uruguayos del norte.
Ello permitió construir una barrera al retorno neoliberal y vaya si fue importante.
En estas elecciones no lo hicimos y el retroceso se notó de lo cual debemos ser autocríticos.
Son tiempos de ligar y religarnos en un proyecto que es de todas y todos y evitar desgarramientos, linchamientos provocados por las retóricas para la tribuna.
Los postergados y desposeídos solo buscan luces de esperanza, las que no surgen ni mueren por decreto de ninguna elección.
Utopías y sueños siempre desbordarán cualquier realidad concreta, el problema es mantenerlos unidos pues siempre van juntos y para ello debemos reconstruir fuerzas y «rearticular» poder real para los cambios pendientes necesarios.
Para Mario Benedetti el pasado es siempre una morada. Cuando nos mudamos al presente, a veces alimentamos la ilusión de que cerrando aquella casa con tres candados (digamos el perdón, la ingratitud o el simple olvido) nos vamos a ver libres de ella para siempre (…), no podemos llegar a ser vanguardia de nada ni de nadie, ni siquiera de nosotros mismos, si irresponsablemente decidimos que el pasado no existe.
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