EDITORIAL

Hacia una autocrítica necesaria

No bien se conocieron los resultados de la elección departamental y municipal del domingo 9 y en el transcurso de los días subsiguientes, afloraron comentarios, pareceres y percepciones de dirigentes frentistas coincidentes en la necesidad de proceder a una autocrítica.

Pasada la alegría forzada por haber retenido el gobierno de Montevideo, la cúpula frentista y los cuadros de los diversos sectores y partidos que integran el Frente Amplio hicieron públicas sus reflexiones sobre el resultado electoral y esas reflexiones revelan una saludable preocupación. Si usamos el calificativo ‘saludable’ es porque consideramos auspicioso el sinceramiento y el despojarse de falsos triunfalismos. Sin caer en escepticismos tan inconducentes como el optimismo frívolo que disfraza la realidad y la tuerce con el objeto de que el pesimismo no se instale en la militancia.

Los hechos y las cifras son tozudos. En la capital, la izquierda mostró una nueva caída en el apoyo electoral de los montevideanos, mostrando una disminución de más de diez puntos con respecto al resultado de las elecciones departamentales de 2005 y algunos puntos menos que en las nacionales de octubre de 2009; pasó de contar con 20 ediles (casi dos tercios del total de componentes de la Junta Departamental) a 17. De las ocho intendencias obtenidas en mayo de 2005, se perdieron cuatro (Salto, Paysandú, Florida y Treinta y Tres), pérdida que se vio mitigada por el insólito triunfo en Artigas, tradicional bastión colorado, y que hace que el Frente Amplio gobierne en cinco departamentos; de todos modos, se perdieron tres.

No se trata de llorar sobre la leche derramada; a nada conduce. Pero tampoco es cuestión de minimizar el retroceso. Desde su bautismo de fuego en 1971, el Frente no cesó de crecer elección tras elección hasta los comicios de octubre pasado, cuando apenas logró la mayoría parlamentaria perdiendo dos bancas en la Cámara de Diputados. Y si bien es cierto que en el balotaje de noviembre la fórmula Mujica-Astori logró la victoria y superó el apoyo obtenido por Vázquez-Nin en octubre de 2004, no se puede tapar el sol con un harnero: el retroceso, aunque pequeño, es inocultable.

El primer paso para superar una adicción es asumir la condición de adicto, esto es, reconocer que se padece algún mal; sólo así es posible encarar un tratamiento eficaz. Del mismo modo, para detener la caída de apoyo electoral, por pequeña que sea, es preciso que el partido ­su militancia y sobre todo su dirigencia­ no se hagan trampas al solitario ni se comporten como el avestruz.

Hay muchas cosas que rever: el papel de los comités de base, la participación de la masa militante, las estructuras partidarias, la representatividad de los sectores, grupos y partidos que componen el Frente Amplio, la comunicación con la población y un largo etcétera. Ha quedado demostrado que los acuerdos de cúpula irritan al ciudadano común y particularmente al militante.

Es preciso tener en cuenta lo que ha dicho Fernando Savater: «Los dogmas no son concluyentes, sino ocluyentes: taponan el libre juego de nuestros sentidos y la libertad de nuestra razón. La certeza incuestionable decretada por la autoridad, a la que no hemos llegado por nuestro propio esfuerzo, como llega a la playa el nadador exhausto, es más asfixiante que la serie asfixiante de las dudas».

No hay que menospreciar al ciudadano común ni prescindir de la opinión de la militancia. No son las certezas sino las dudas lo que nos permite crecer. Si creemos lo contrario, corremos el serio riesgo de convertirnos en un partido tradicional más.

Ojalá las plausibles intenciones de proceder a una autocrítica no se diluyan y se plasmen en hechos concretos.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje