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Perdón y Justicia

La Iglesia Católica, como institución, tiene una larga historia de barrer sus problemas debajo de la cama. Pero en los últimos días, debido a las denuncias sobre abusos sexuales por parte de algunos sacerdotes, ha mostrado una nueva sensibilidad y una actitud mucho más transparente, que por cierto la dignifica.

Ha sido el papa Benedicto XVI quien ha manifestado que la Iglesia, ante la compleja situación que vive, “tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender por una parte el perdón, así como la necesidad de la justicia”. “El perdón no sustituye a la justicia”, ha sentenciado el jefe del Vaticano.

De esta triste experiencia que están descubriendo los católicos en el mundo, se puede aprender mucho e incluso no sólo en materia de creencias, sino fundamentalmente de valores. Cuando el Papa dice “el perdón no sustituye a la Justicia” ordinaria, esas sabias palabras se trasladan naturalmente a nuestro país, particularmente en relación a los violadores de los derechos humanos.

Si es así, es impensable pensar que quienes violaron los derechos humanos, por ser parte del más descarado terrorismo de Estado que sufrió nuestra sociedad, puedan quedar al margen de la acción de la Justicia, porque esta es la prioridad y no sólo para el Vaticano, sino para las democracias más desarrolladas y avanzadas.

Estamos, entonces, ante un buen mensaje del Papa, que no elude el hecho fundamental de que a los hombres se les juzga en primera instancia dentro de las instituciones que las distintas sociedades supieron construir.

Es de esperar que estas palabras de Benedicto XVI sean motivo de reflexión y analizadas no sólo en los templos católicos, sino en los distintos rincones de nuestra sociedad, porque nadie puede negar el fuerte impacto que tiene en nuestra cultura el pensamiento de las autoridades de la Iglesia Católica.

“El perdón no sustituye a la justicia” es un resumen categórico de una postura a favor de la Justicia, que siempre es previa a la voluntad de dar el perdón. Hoy, el gran tema de nuestro país es que muchos de los violadores de los derechos humanos y violadores de la verdad ­porque ocultar es violar­ siguen sin comparecer ante la Justicia, aunque más no sea para saber a quién hay que perdonar, si es que corresponde.

Por todo esto se hace imprescindible que los uruguayos no dejemos de bregar por la Verdad y la Justicia, cuya única intención es conocer lo ocurrido para que no vuelva a repetirse. En tanto, el mayor acto humano es impedir que el vientre que dio a luz esa escoria vuelva a procrear.

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