Los teros, el Mercosur y el sector rural

Goy Viera Silva*

 

Con fecha 16/03/01, el diario «El País» publica un resumen de declaraciones del ingeniero Eduardo Urioste –en términos de «enojo»– bajo el título «Uruguay produce mejor lo natural».

Globalmente, las manifestaciones de dicho dirigente de la Asociación Rural –quien fue su presidente, según «El País»–coinciden con el espíritu de nuestra prédica desde esta columna. Sin embargo, nos hacen rechinar las entendederas dos de sus afirmaciones: 1) Según dicho diario «valoró que la única figura que al sector le da cierta seguridad es el Presidente de la República». «Estableció que el presidente Jorge Batlle es la única persona del gobierno que nos merece confianza, considerando que en el primer año de esta administración no hemos tenido respuestas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca». El señor ingeniero, un universitario, ¿es o se hace? No sabemos de ningún ministerio del gobierno del doctor Batlle, ni de ningún gobierno de ningún país que se haya declarado independiente de la presidencia, nunca. Si hay culpas o aciertos, provienen siempre de la política generada por el señor Presidente, quien a su vez tiene asesores…

Los ministros que no bajan la cerviz se tienen que ir aunque a veces se van convertidos en chivos emisarios.

¿Cómo debe evaluarse, entonces, la incongruencia del juicio laudatorio para el doctor Batlle en relación con la crítica realista y lapidaria realizada simultáneamente por el dirigente a la «política» del gobierno? ¿Será la táctica del tero? Que cada cual saque sus conclusiones. Ya hemos tratado el tema de la dirigencia gremial agropecuaria anteriormente.

2) Reseña «El País» la otra afirmación del ingenieo Urioste que nos aflige y que asocia dos precisiones: «El productor de Artigas que ingresó cerdos de contrabando desde Brasil y por lo cual fue remitido con prisión, es un irresponsable, tanto como lo son los directores de Ancap, que hablaron de que iban a rebajar el precio de los combustibles y lo terminaron aumentando».

En primer término, el productor de Artigas no es tal. a un dirigente de Artigas manifestando que el contrabandista de cerdos es una persona que tiene su empleo y vive en la ciudad, y que ocasionalmente realiza estos «negocios» cuestionados. Si esto es verdad, creemos y decimos que el ingeniero Urioste ha fallado como dirigente gremial, formulando críticas sin la debida información sobre el tema, posibilitando que se enturbiara la imagen del sector rural injustamente, como ya lo hizo en su oportunidad el doctor Batlle con el señor Arbiza.

En cuanto a la suba de los combustibles, reiteramos lo dicho en el ítem anterior: Ancap tampoco dio el grito de independencia. Cuando hubo aumento, la orden la dio el Poder Ejecutivo. La «política» está marcada de antemano. Al rebatir ingenuidades, también nos sentimos ingenuos, pero con un agregado: además nos sentimos burlados.

Seguimos hojeando «El País» de la fecha mencionada, y comprobamos que es una edición donde se trata de exprimir jugosos temas: «Batlle quiere que se acelere lo del ALCA». «Uruguay sigue considerando al Mercosur como paso previo al ALCA». «El arancel externo común (AEC, que grava el ingreso de mercaderías desde fuera de la región) debe caer y ser lo más bajo posible».

¿Cómo vamos a acelerar el ALCA si no hemos concretado el Mercosur? El Mercosur es Brasil. Va a funcionar o no en la medida que a Brasil le sirva o no. Hasta el momento, Brasil se ha limpiado el culo con el Mercosur. Uruguay tiene prohibido devaluar. Brasil ha devaluado como y cuando ha querido. Uruguay lo único que ha conseguido es sumir al sector agropecuario en la peor crisis de la historia, con el atraso cambiario. Después de 10 años, ¿dónde está el beneficio comercial para Uruguay del famoso Mercado de 200 millones de personas?

No debemos olvidar que el Mercosur fue un invento de Bush (el viejo) para contrabalancear la contienda con Europa. Al mismo tiempo, el tío Sam conseguiría la «racionalización» del «problema Latinoamérica» unificando a todos los países en un solo interlocutor: primero el Mercosur, luego el ALCA, para llegar al Nafta y ejercer entonces, con más tranquilidad y mejor resultado, su hegemonía, impartiendo órdenes que acertarían exactamente en el corazón de la economía del sur del planeta, a pesar de que también existe.

¿Y el arancel externo común? No podemos creer que lo hagan caer antes de «verle las patas a la sota». ¿O acaso estamos apurados para favorecer a nuestros importadores, y las exportaciones del primer mundo? Debemos sí (Sudamérica) tomar la idea del Mercosur y darle nuestra propia forma e identidad, y pisar fuerte.

La experiencia y la realidad indican que Sudamérica debe agruparse en torno a Brasil y «contra» Brasil, para utilizar el ya importante poder económico brasileño (real y también latente) y su , sin dejarse (Sudamérica) avasallar por el gran vecino. De esa manera podremos sacudirnos el yugo y hablar de igual a igual con el primer mundo, como lo hacen entre sí Europa y Norteamérica. La integración debe parar en el límite norte de México e incluir al Caribe. Si entramos en una asociación desde Tierra del Fuego hasta Alaska, sólo recibiremos órdenes, como hasta hoy. La meta es llegar a ser clientes mutuos con el primer mundo en términos de igualdad, y en tal situación modificar nuestra participación en la interminable guerra económica que hoy nos arrastra como vagón de cola.

*Analista

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