Contra el bloqueo y la censura a Cuba
Víctor Rossi*
La historia vuelve a repetirse: otra vez el país está ante la disyuntiva de definirse ante la próxima ronda de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuando se trate una moción de censura a la República de Cuba, promovida por Estados Unidos y otros países.
Esto ocurre en momentos en que Estados Unidos cuenta con un nuevo presidente, George Bush, que llegara al más alto cargo de ese país luego de una disputada elección plagada de errores y que por la particular modalidad electoral estadounidense, el que ganó no es el que obtuvo más votos.
Entendemos que debemos abstenernos y que a esa idea llegamos con la confianza de que todo el sistema político uruguayo la acompañe, en tanto estamos ante un tema típicamente de Estado.
Estados Unidos quiere que nos involucremos de su lado en su histórica política contra todo intento de autodeterminación de los pueblos latinoamericanos, en este caso Cuba.
Pero estamos del lado de Cuba y contra el bloqueo. Sabemos de la dignidad de ese pueblo que desafió y desafía a la mayor potencia del mundo, al buscar un camino de independencia y de libre autodeterminación.
Cuba no provocó la agresión de Estados Unidos. Fue Estados Unidos que se sintió agredido cuando los cubanos, con Fidel Castro al frente, iniciaron un camino de autodeterminación y de cambios profundos en la economía. Y esto fue mucho antes de que la revolución cubana se definiera por el socialismo, cuando Fidel y los barbudos de la revolución cubana apostaban a una reforma agraria profunda y a poner al aparato productivo al servicio de los intereses nacionales.
La revolución cubana es, a la vez, parte indisoluble de la constante búsqueda de nuestros pueblos de la justicia social y ese camino lo ha recorrido apegado a su historia y a sus tradiciones.
Se puede discrepar en muchos aspectos con la estructura política que se ha dado la sociedad cubana. Nosotros creemos en el pluralismo y en la rotación de los partidos en el gobierno.
Pero sentimos a los cubanos de Fidel comprometidos con Latinoamérica y con las mejores causas de la justicia y la independencia. No olvidamos el apoyo que Cuba brindó a los uruguayos cuando llegó la hora de la solidaridad para derrocar a la dictadura. No sufrimos de amnesia política y sabemos retribuir.
Los procesos políticos tienen desde la primera independencia particularidades. Artigas no fue lo mismo que San Martín, ni que Bolívar. Artigas optó por el democratismo radical y estructuró otro tipo de sistema político, pero todos son parte de la mejor historia de nuestros pueblos.
En este sentido muy poco habría que agregar a lo que dijo nuestro ex canciller de la República y destacado jurista internacional, el doctor Héctor Gros Espiell, en una entrevista que recientemente se le realizara, cuando defendió la tesis de la abstención.
El jurista nos alerta sobre que la Comisión que va a tratar el tema no está integrada por expertos, sino por representantes de los estados.
«No es un tribunal ni un órgano de expertos», acota Gros, para agregar que «esto es muy importante porque naturalmente siempre las posiciones que se expresan en la Comisión o sus resoluciones son una decisión política que responde a las líneas de política internacional de los estados que la integran».
A la vez comenta que en la Comisión se expresan históricamente posturas «discriminatorias» determinadas «por realidades políticas y económicas».
Lo que está diciendo Gros Espiell es que estamos ante un tema eminentemente político, que se analiza en base a los intereses de los estados. Y que esas mayorías que se terminan conformando en la Comisión están fuertemente marcadas por la subjetividad.
Por ello señala a modo de ejemplo, que «en años pasados la Comisión tomó una resolución respecto de Cuba y no tomó una resolución condenatoria respecto de China, pese a que había también un proyecto de resolución sobre ese país».
Cuba pertenece al mismo cauce popular que apunta a que los más infelices sean los más privilegiados. Por eso no está sola. Por eso bregaremos incansablemente para que todo el sistema político uruguayo mantenga la propuesta de la abstención en la Comisión de Ginebra, para que como país se pueda convencer a los gobiernos del Mercosur que la dignidad es el camino previo a la felicidad.
Una actitud de condena a Cuba nos debilitaría como país a la hora de las negociaciones en el campo internacional. No olvidemos que sobre Colombia sobrevuela, hoy mismo, la posible intervención militar estadounidense.
Pero tampoco olvidemos que cualquier tipo de negociación en materia comercial internacional, no se debe establecer con nuestros intereses atados a las políticas de los centros económicos mundiales.
*Representante Nacional, Alianza Progresista 738
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