La imprescindible reforma del INAC
El Instituto Nacional de Carnes (INAC), creado por el Decreto-ley Nº 15.605, de 27 de julio de 1984, para la proposición, asesoramiento y ejecución de la política nacional de carnes, tiene entre sus objetivos promover, regular, coordinar y vigilar las actividades de producción, transformación, comercialización, almacenamiento y transporte de carnes bovina, ovina, equina, porcina, caprina y de ave.
El INAC está dirigido y administrado por una Junta de seis miembros, integrada por dos delegados del Poder Ejecutivo, designados uno de ellos a propuesta del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, en calidad de presidente, y el otro en calidad de vicepresidente, a propuesta del Ministerio de Industria, Energía y Minería (¡), y cuatro representantes del sector privado: dos en representación de los productores rurales, uno por la Asociación Rural y otro por la Federación Rural y dos en representación de los sectores industriales (¡).
En realidad los dos representantes del gobierno, hasta hoy, han sido designados por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Si bien hace un tiempo el Ministerio de Industria anunció que iba a designar su representante, hasta ahora eso no ha sucedido.
Vivimos el segundo gobierno del Frente Amplio, una fuerza política que ha esgrimido desde siempre la bandera de la mayor participación y representación, en particular de las clases más desposeídas.
¿A qué viene esta afirmación? En el día de hoy, si analizamos a los 6 integrantes de la Junta Directiva de INAC ( inclusive los del gobierno), todos ellos son propietarios de tierras. No tiene nada de malo poseer tierras, ni aun siendo presidente o vicepresidente de INAC; lo que puede llamar a preocupación es que ni se habla de que en la Junta Directiva de INAC estén presentes los carniceros y los consumidores.
El INAC ha sido, fundamentalmente, un organismo que ha trabajado en la búsqueda de nuevos mercados para la carne uruguaya y, en ese sentido, no hay objeciones, ya que lo han hecho muy bien, pero lo que muchos esperaban era que se realizaran algunos cambios, sin modificar las políticas, en la Junta Directiva.
Hasta ahora se ha alegado que no se puede incorporar tanta gente, «las sesiones van a parecer asambleas»; este es uno de los tantos débiles argumentos esgrimidos que pecan de ingenuidad, ya que si ese es el problema, se arregla muy simple: que industriales y productores tengan un representante (que roten entre ellos).
¿Dónde está el problema? ¿Por qué las dos gremiales de industriales, así como las dos gremiales de productores, deben estar representadas? Es más, en estos momentos no representan a todos los industriales (existe una agremiación de industriales que trabajan exclusivamente para el mercado interno y los productores de carne cuentan con la CAF y la Comisión de Fomento Rural tampoco está representada). Por el lado de la representatividad, están todos haciendo agua (inclusive el vicepresidente del INAC) y no digamos nada de carniceros y consumidores.
Es bueno recordar que Uruguay es el segundo mercado en importancia de las carnes de nuestro país; sin embargo contamos con esa especie de contradicción donde los actores principales del mercado interno (carniceros y consumidores) no tienen voz ni voto. Es decir, continúan gobernando los grandes capitales (industriales y productivos) junto a los dos representantes del Poder Ejecutivo.
Advirtamos que la carne bovina va a ir aumentando su precio en el mercado interno y que las ofertas interesantes (en materia de precios) para exportar ganado en pie le están haciendo un daño enorme al país dadas las dimensiones que ha tomado este canal comercial, y nos acercamos peligrosamente a una fuerte baja en el rodeo nacional. El gobierno, que debe velar por los intereses y el bienestar de todos los uruguayos, ya tendría que haber regulado las exportaciones de ganado en pie. Aún tenemos la esperanza de que lo haga. Por otro lado, y esto es tan importante como lo anterior, el vicepresidente de INAC propuso en la Junta Directiva eliminar la obligatoriedad de los frigoríficos de recortar los excesos de grasa y otros elementos en la media res.
Ello implica que los uruguayos vamos a comprar más grasa que carne, ya que la carne de exportación continuará siendo procesada de acuerdo a las exigencias de los mercados internacionales. ¿Seguiremos los uruguayos a la deriva?
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