Vivienda paradojal
El hecho que desde los años noventa se pasara de una inversión de 120.000.000 millones de dólares anuales para viviendas a una inversión de 60.000.000 (promedio) a la fecha, coincide exactamente con el hecho de que los empresarios beneficiados con la creación del Ministerio de Vivienda dejaran de aportar el 1% correspondiente al salario de los trabajadores al Fondo Nacional de Vivienda que se componía de un 2% en el cual el trabajador aportaba el 1% restante.
Durante más de una década sólo el bolsillo del trabajador aportó el 1%, que fue destinado en un porcentaje muy alto al beneficio de las empresas constructoras, mientras decenas de miles de trabajadores emigran a los asentamientos.
Pagamos y aportamos para ser más pobres.
La construcción nefasta de núcleos básicos evolutivos (32 m2) con costos superiores a U$S 20.000 c/u, dio pié a una industria de producción mercantil de viviendas lucrativa y exitosa, que dejó afuera del acceso a la mitad de la población del Uruguay.
Vaya paradoja, con el dinero de los trabajadores se dejó afuera a éstos, con un Ministerio creado para atender a las capas mas bajas. Esto fue la extensión de lo público a lo privado, subsidios a los ladrillos y no a la gente que habitaba en ellos.
Este agujero negro, este pozo, esta llaga social fue hecha desde arriba, desde el poder económico que ubicaba a nuestro país en el segundo lugar en el Mundo detrás de Turquía en el ranking de la deuda externa.
Según Galeano lo único que se hace de arriba para abajo es un pozo, todo lo demás es de abajo para arriba.
Por ello, por no creer en falsos profetas y en el «arriba», fue que contribuimos a torcer esta paradoja y pudimos, al finalizar este primer período de gobierno, construir el doble de lo que construimos anteriormente, y convencidos estamos de continuar por la misma senda dado la sensibilidad hacia el tema por parte de nuestro compañero presidente José Mujca y su convicción de los valores que genera el trabajo, la ayuda mutua, la solidaridad y el combate al individualismo, al egoísmo y a la pobreza.
Nuestra ayuda mutua la definimos como el aporte directo de la mano de obra de las familias cooperativas; no es un castigo, no es una imposición, es la esencia.
En las primeras cooperativas a fines de 1800 rezaban carteles en las entradas de sus obras «aquí se asocia trabajo» con la filosofía del obrero artesano que «movía sus ideas al ritmo que movía sus manos».
No todo es dinero; en el barrio Marconi se invirtieron mas de 70.000.000 de dólares en las últimas dos décadas y el resultado social es nulo y perverso, fue hecho al estilo «llave en mano», de arriba para abajo, el Estado le entregaba la llave, había una mano arriba y otra abajo, una oprimía a la otra así como una era exprimida para otros.
Hay que tener recursos con que construir pero más importante es cómo nos organizamos para construir y esto debe ser con sinergia, construir casas y grupos humanos paralelamente, construcción edilicia y construcción social.
Se me ocurre que esa sinergia debe ser como me la explicó el ingeniero Ricardo Canece (Paraguayo) que decía:
«Sinergia es como el hecho que produce una mamá amamantando a su bebé, lo abraza, lo protege, lo abriga, le da seguridad, amor, cariño, así como lo nutre, lo alimenta y lo hace crecer».
A la paradoja neoliberal es hora de combatirla con el Plan Solidaridad que nos involucra a todos «aterrizando» mayor organización territorial con conciencia articuladora contrahegemónica al poder existente basado en nuevos valores.
Hoy en muchos de los barrios tildados de zonas rojas respetan a personas por su historial de «pesados» o sus «antecedentes» que no es otra cosa que temerles, en cambio en nuestros barrios cooperativos se respeta al que más trabaja, al más solidario, al mejor compañero, al más desinteresado, que son los que dan lo mejor que tienen para recibir lo mismo.
De eso se trata, revertir los valores y eso se hace haciendo camino al andar, pues no van muy lejos los de adelante sin los de atrás; sin paradojas.
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