A concretar la esperanza
Desde la derecha se ha dicho que el gobierno del Frente Amplio era un gobierno «cívicosindical» intentando de ese modo desacreditar no sólo al gobierno de izquierda sino, también, al movimiento sindical uruguayo; con esa expresión ingeniosa (¿?) se pretendía mostrar un vínculo estrecho entre el gobierno y los sindicatos, como si éstos fueran un apéndice de aquél o estuvieran a su servicio, en una situación análoga a lo que fue el peronismo histórico.
Nada más lejano de la realidad. Nadie discute que los partidos de izquierda han tenido desde siempre una especial preocupación por las condiciones de vida de los asalariados y una clara vocación por plasmar, desde el gobierno, reformas y leyes tendientes a mejorar la condición del trabajador, en cierto modo hacían suyos los reclamos de los trabajadores sindicalizados. En nuestro país, concretamente, a partir de mediados del siglo pasado, cuando se logró la tan ansiada unidad del movimiento obrero, los programas de los partidos de izquierda primero el Socialista y el Comunista y luego la izquierda unida en el Frente Amplio recogían muchos aspectos de la plataforma reivindicativa del movimiento sindical. No olvidemos que los partidos de izquierda surgieron precisamente sobre la base ideológica proporcionada por las doctrinas que reflejaban la sensibilidad social ante la indignante situación del proletariado en el siglo XIX.
No obstante lo dicho, sin perjuicio de esa coincidencia de puntos de vista de los trabajadores organizados y la izquierda política, el movimiento sindical uruguayo ha observado tradicionalmente una independencia notoria respecto del sistema político, lo que le ha permitido mantenerse sin ataduras de ningún tipo. Al respecto, bueno es recordar los numerosos conflictos gremiales que tuvieron lugar durante la pasada administración de Tabaré Vázquez, y particularmente, los conflictos surgidos en el ámbito público, es decir, en las empresas y organismos estatales. Y conste que no nos referimos solamente a los enfrentamientos entre Adeom y la IMM o a la espinosa relación con el sindicato del INAU, pues hubo conflictos en otras instituciones estatales.
La plataforma del acto de ayer contiene un buen número de puntos que demuestran la madurez de nuestro movimiento sindical. Empezando por la consigna principal »A concretar la esperanza» hasta cada uno de los puntos concretos de la plataforma, se advierte claramente el compromiso del PITCNT con las reivindicaciones de la clase obrera pero también con el desarrollo del país. Los trabajadores agremiados no han abandonado su combatividad, pero saben perfectamente bien que el combate de hoy no es contra el gobierno sino contra los enemigos del pueblo, los enemigos de siempre, que desde 2005 ya no se sienten representados políticamente.
Los reclamos de la central sindical radican en la profundización de los cambios impulsados por el gobierno anterior: mejora del salario, reafirmación de la negociación colectiva, políticas de fomento del empleo, extensión de la cobertura de salud a todos los sectores sociales, etcétera. Junto a estas propuestas concretas, el movimiento sindical reafirma su rechazo a la impunidad, su lucha contra la violencia doméstica y su apoyo a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y a la reforma del Estado, así como al proyecto de país productivo.
En conclusión, digamos que el movimiento sindical uruguayo está exhibiendo una madurez que lo enaltece.
La esperanza se está concretando.
Día de los trabajadores
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