Que treinta años no es nada…

León Lev

 

No es simplemente la canción de Gardel, es también el título de la exposición plástica de Carlos Palleiro, en el atrio de la Intendencia de Montevideo, que por supuesto tiene la imagen de «El Mago» como presentación de sus trabajos.

Tiene un mensaje profundo además de la calidad estética de su exposición. Imperdible.

Diseñador gráfico y plástico, de nivel internacional, reivindica su historia de militante social y político. Sin renegar de su historial comunista y frenteamplista, de su militancia concreta en Uruguay y en el exilio, hoy transformado en una personalidad cultural en México. Es la demostración que para llegar a tener éxito, si se tienen cualidades, no es necesario prosternarse ante ídolos de barro.

Es mentira que todos los hombres tienen precio, siempre habrá seres humanos que preferirán morirse de hambre antes que vender su alma, que preferirán desaparecer antes que vivir de rodillas o traicionar sus principios.

La exposición de Palleiro, que para poderse realizar debió vencer mil trabas burocráticas de la diplomacia uruguaya, costeada en parte de su propio peculio, para el envío de sus cuadros. Porque sentía una deuda ética con su patria.

Inaugurada el 26 de marzo, en una casualidad-causalidad, en el mismo lugar histórico donde se iniciara la patriada del Frente Amplio, treinta años antes.

Expresa la generación de los 60, que se jugó entera por el cambio histórico dándolo todo sin pedir nada. Arrostró todos los peligros e infortunios, pero no se arrepiente.

Valió la pena luchar.

Nos habrán quitado años de libertad, de goce de la vida, pero no nos quitarán, jamás, la conciencia del deber cumplido, de haber actuado fieles a nuestro pensamiento y sentimientos.

Ilustrador de libros y discos, diseñador de afiches, capaz de unir literatura, música y diseño plástico.

Por eso se dieron cita a la inauguración de su exposición hombres y mujeres representativos de la cultura uruguaya, desde el intendente Mariano Arana, Daniel Viglietti, Ruben Rada, Juceca, la gente de «El Galpón», Anhelo Hernández, los «urumex», que recibieron asilo en tierra mexicana durante la dictadura uruguaya y tantas y tantos que se hicieron un tiempo para estar presentes.

Palleiro forma parte de esa generación que se jugó entera por la unidad sin exclusiones. Que entendió y entiende que no habrá futuro para el pueblo sin unir todas las vertientes políticas que quieran luchar por objetivos comunes.

Que unió un patriotismo acendrado con un internacionalismo consecuente.

Que se jugó entero los doce años de lucha contra la dictadura, sin un minuto de tregua. En la Patria, en el exilio, en la clandestinidad o en las cárceles.

Las Jornadas Culturales en el exilio lo tuvieron como un protagonista principal.

Ahí están los afiches por la libertad de los presos políticos.

Pero también está su aporte a los libros de enseñanza en México, su identificación con la causa zapatista, su defensa de la acción ecológica, su amor por los niños.

Recorrer la exposición es recorrer nuestra historia y nuestro presente. Lleno de desafíos, venciendo los dolores y la depresión, poniéndole color a la vida.

Homenaje vivo a los muertos y desaparecidos, para que su memoria nunca desaparezca.

Reivindica su pasado comunista sin sectarismo, con amor, humor y nivel cultural, y mantiene su adhesión a la construcción de una sociedad regida por el principio «De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad».

Se abre como una paloma, en vuelo hacia la paz pero con la firmeza de quien tiene que vencer mil flechas que lo acosan.

En estos tiempos modernos, como diría Chaplin, o en estos posmodernos, donde los dueños del poder quisieran que perdiéramos nuestros puntos de referencia, la exposición nos convoca a superarnos sin perder nuestra identidad.

Su enriquecimiento cultural, con la asimilación de nuevos insumos, la seducción del color, la inventiva, se potencian al influjo de la cultura mexicana y demuestran que el camino de la vida es muy áspero y que debemos transitarlo con mucha humildad y convicción, aprendiendo y luchando, luchando y aprendiendo. Abriéndonos a todos los aportes. En especial los que estuvimos en «la Generación del 68″, con «la Imaginación al Poder «, pero con los pies en el barro de la realidad social.

Combatiendo al sectarismo como un veneno para la unidad plural de un movimiento democrático, rebelde y revolucionario, de las izquierdas, puliéndonos día a día en el contacto con el pueblo. Desde el hombre o mujer humilde, de la selva lacandona, el interior rural o las fábricas uruguayas, hasta el científico o mujer intelectual, trabajadores de la cultura. De esta América Latina sufriente y viviente.

Gracias «flaco», por traernos la esperanza renovada, por obligarnos a subir en la escala de la condición humana, por ayudarnos a retemplar el ánimo a pesar de las cicatrices del alma, por exigirnos contar nuestras experiencias en la lucha contra la dictadura.

En momentos de hambre y desocupación, la cultura puede llenar un inmenso vacío.

Las ideas y los ideales son el combustible de la vida.

Los valores son la fuente nutricia del árbol de la vida.

Entre mate y tequila el duende de la esperanza está vivo.

* Alianza Progresista

 

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