EDITORIAL

Conflictividad en el sector público

La historia vuelve a repetirse. Varios sindicatos de funcionarios asumen una actitud de franco enfrentamiento con el nuevo gobierno, continuando una práctica de dureza e intransigencia inaugurada durante la administración del doctor Vázquez.

Los funcionarios postales, los del INAU, los docentes de Secundaria, exhiben una actitud de desmesura combativa que llega a la hostilidad. Al igual que los trabajadores municipales nucleados en Adeom, sindicato que se convirtió en punta de lanza contra el gobierno del arquitecto Arana y en símbolo del sindicalismo «ultra», otros gremios fueron sumándose a esa corriente que, so pretexto de mantener una mal entendida independencia de clase, actúan como si las autoridades del gobierno frentista pertenecieran a la derecha recalcitrante y fueran sus enemigos de clase.

Claro, ese frenesí combativo se explica justamente porque el país está gobernado por fuerzas de izquierda; y como había dicho el propio Mujica antes de ser candidato, «es un boleto ser radical con un gobierno de izquierda».

Tonto sería negar que tanto en la educación pública como en el INAU se arrastran problemas no resueltos, situaciones complejas y bajos salarios; esto último a pesar de la incuestionable recuperación salarial verificada bajo el gobierno de Tabaré Vázquez que benefició al conjunto de los trabajadores. Es innegable que el problema de la minoridad infractora genera innumerables dificultades y que existen carencias de infraestructura de todo tipo. Es innegable, asimismo, que la enseñanza pública media adolece de males que se arrastran desde mucho tiempo atrás: bajo nivel salarial, carencias locativas, grupos superpoblados, distribución arbitraria de horas, etcétera.

Pero es inocultable que bajo el primer gobierno del Frente Amplio se dieron los primeros pasos en el sentido de corregir anomalías, asimetrías y situaciones injustas.

Las inequidades retributivas y los locales inadecuados no son problemas que se puedan resolver de la noche a la mañana por mejor voluntad que se ponga en ello. Del mismo modo que no es sensato esperar soluciones mágicas al problema de la vivienda, al consumo de pasta base o al fenómeno de la delincuencia.

El Frente Amplio no llegó al gobierno dispuesto a llevar adelante una revolución social. Su programa no es socialista ni se propone abandonar el sistema capitalista en la coyuntura internacional actual. Pero nadie puede razonablemente negar que el doctor Vázquez ha impulsado con entusiasmo las medidas contenidas en su programa progresista y que ha cumplido prácticamente todas las promesas anunciadas en la campaña electoral. Pepe Mujica, por su parte, tampoco llegó al gobierno prometiendo quimeras, y fue muy claro al hablar de la necesidad de propender un desarrollo dentro del modelo capitalista.

En lo que concierne concretamente a la enseñanza, se cumplió con el propósito de llegar a que el presupuesto destinado a ella alcanzara el 4,5 por ciento del PBI. Asimismo, se aprobó una nueva Ley de Educación que, entre otras disposiciones, establece el cogobierno y amplía la autonomía de los Consejos dependientes del Codicen. No se explica, entonces, la actitud del gremio de docentes de Secundaria que se movilizan en reclamo de mejoras edilicias y salariales y de autonomía y cogobierno, al tiempo que exigen elevar el monto del presupuesto destinado a la enseñanza a un seis por ciento del PIB.

No están en discusión la justicia de los reclamos ni la legitimidad de las movilizaciones gremiales. Lo que sí nos parece cuestionable es la impaciencia, la intransigencia y la actitud hostil ante un gobierno que vela por los intereses de los asalariados como ninguno antes.

 

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