Ana, lía con la basura

Este breve texto, pretende decir que Analía Piñeyrúa, la candidata a intendenta de Montevideo por el partido blanco, usa con fines electoreros la temática social de los carritos de clasificadores.

 

Ella utiliza demagógicamente, con esperanzas que no se cumplirán y están destinadas a captar votos pura y exclusivamente, la situación compleja de los hurgadores o gente que vive de juntar lo que otros desechan, especialmente de los niños que acompañan a sus mayores en esta tarea.

 

La señora Piñeyrúa es abogada, diputada, se desempeñó como ministra de Trabajo y Seguridad Social entre 1995 y 2000, ocupó cargos de Dirección Ejecutiva en la Organización Internacional del Trabajo. En el prolongado tiempo de ser una alta funcionaria gubernamental ¿no impulsó nada para paliar esto? ¿Recién ahora como postulante a la Intendencia se preocupa?

 

Tuvo posibilidades de jugarse por soluciones para los clasificadores y no lo hizo. Ahora «lía», o teje tramas o telitas donde pueda cazar algún desprevenido votante que piense que a los blancos le preocupan los pobres y la pobreza que ellos generaron con sus nefastas políticas económicas.

 

Los candidatos del Partido Nacional y Colorado de cara a una elección departamental y viéndose perdidos, están en hora de prometer lo que sea y sacar cuentas. Si son cinco, diez o quince mil, son otras tantas familias o por lo menos dos o tres votos por carrito de mugre seleccionada.

 

La realidad de los uruguayos que viven de escudriñar y vender lo que extraen de las volquetas; trabajo degradante, insalubre y peligroso también por la sobre exposición en el tránsito vehicular, riesgo acrecentado en el caso de menores; la promovieron los rosados o blanquicolorados alternados en el poder, los mismos que ahora hacen promesas a discreción.

 

Esta dama, exponente mayor de la oligarquía de este país, pretende hacernos creer en su interés serio por los sectores económicamente deprimidos, marginalizados gracias a sus estrategias partidarias de hambrear al pueblo para mantener privilegios durante muchísimos gobiernos.

 

La administración capitalina junto a la fuerza de izquierda a nivel nacional desde 2005, viene tratando hace tiempo tales situaciones que duelen colectivamente, integrando a los protagonistas en las conversaciones, intentando coordinar soluciones verdaderas.

Encarando la peripecia social de tantos años con proyectos específicos como el Plan de Emergencia y el de Equidad que atacan de raíz la urgencia y la causa de tales apremios, brindando mayores fuentes de trabajo e inclusión, recuperando el salario y otros cambios profundos que como tales, no se dan de la noche a la mañana sino con mucho esfuerzo y sinceridad en los planteos. Las escuelas de tiempo completo seguramente tendrán incidencia en retirar a los niños de las calles y sus conflictos.

 

Es verdad que es un intríngulis más a resolver de cara a la comunidad aunque no existan fórmulas instantáneas ni mágicas. Menos que menos creerle a mesías proveedores de salvaciones que proliferan llegados los momentos de elegir nuevas autoridades.

 

Los compatriotas que revuelven la basura para obtener el sustento son un tema social que nos interpela como Uruguay y especialmente como seres urbanos.

 

No digo nada nuevo al afirmar que en una sociedad ideal no deberían existir hurgadores. Pero mejor repetirlo para que no nos anestesiemos contra lo inaceptable y terminemos dándolo por justo.

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