El malo del barrio

Todos aquellos que hemos tenido la hermosa experiencia de vivir y participar desde dentro lo que es un barrio, sabemos lo que ello significa. Por lo tanto me referiré a un aspecto de esa práctica y en especial a uno de esos vecinos que en todos los barrios existe: el malo. Ese que a pesar de no tener afinidad con él, de no integrarse a las actividades habituales de todos, existe y está allí, por lo tanto, por educación lo saludamos y como dirían los jóvenes actuales «lo bancamos».

Este tema surgió al ver a través de las imágenes del televisor, a Mujica saludando a Piñera en la visita realizada a Chile, a la asunción del mando del nuevo presidente, con su imagen de bonomía y cordialidad estrechó fuertemente la diestra del asumido a la primera magistratura del pueblo trasandino.

Todos sabemos quién es y a quién representa el nuevo gobernante de la hermana República de Chile. Impulsó una campaña electoral en base a su enorme caudal económico, logrado con sus negocios en las comunicaciones. De ideas de extrema derecha. Capitalizando los votos de esa franja de ciudadanos que lamentablemente todavía hacen reverencia al régimen nefasto de Pinochet. Y que la izquierda no ha sabido o no pudo hacerlo, además de no haber asumido ante las elecciones un frente unitario para afrontar en igualdad de posibilidades y derrocar al ahora presidente.

En el mismo televisor, con imágenes del mismo día provenientes de Chile, minutos antes de entregar la banda presidencial, veíamos el apoyo popular que recibía la saliente presidenta Bachelet, que con un porcentaje elevadísimo de adherentes a su gestión, se retiraba del Palacio de la Moneda aplaudida por la totalidad de los funcionarios de esa casa, para acudir al acto de cambio de mando. Ello es muy significativo y paradójico, ya que su figura es apoyada casi unánimemente dentro de la población chilena y su Coalición perdió las elecciones en segunda vuelta, tras 20 años de gobierno.

Dicho conglomerado político, evidentemente no supo afianzarse y lograr continuación en la senda progresista, a la cual la gran mayoría de América Latina, se ha volcado en las últimas décadas.

Este acontecimiento debería hacernos reflexionar a los frenteamplistas todos, de arriba hacia abajo, y en toda la extensión de grupos políticos que forman el actual partido de gobierno de nuestro país. Debemos trabajar para consolidar lo que tanto costó conquistar, actuando siempre con altura política, ser auto-críticos y apuntalar aún más la unidad que nos ha llevado a esta instancia de regocijo y felicidad que vivimos. Más allá de que Uruguay no es Chile, y que cada pueblo tiene su historia, y que su camino lo debe desarrollar con sus propias fuerzas.

No nos debe invadir la tristeza de un vecino, por el contrario, debemos proyectar hacia él nuestra alegría, nuestra experiencia, nuestros logros, nuestra fuerza e intentar contagiarlo para que el desconsuelo de hoy se transforme en regodeo del futuro.

Con este comentario previo no debemos pensar que el pueblo chileno bajó los brazos, para nada, simplemente que ha tenido un traspié, un momento de flojedad en tantos años de lucha, y que sabrá reordenar sus filas, reacomodar las fichas en el tablero de ajedrez, para así lograr el jaque mate en próximas batallas. Su sabiduría está intacta, su fuerza igual, a pesar de los días aciagos que el terremoto reciente les ha tocado sufrir. Tan sólo faltaría ubicar pacientemente, en ese tablero, las fichas en el lugar indicado, y estamos seguros y confiados que así sucederá, además de recibir la solidaridad de parte de un pueblo uruguayo que desde siempre lo supo admirar, por su lucha por ser abanderado de conquistas obreras y estudiantiles.

Y como en el barrio, continuaremos viviendo, participando, avanzando, logrando éxitos, mejoraremos nuestras vidas, lograremos educación y salud para todos, derrotaremos las tristezas, sabremos sortear dificultades, avanzaremos a etapas superiores, lograremos crecer cualitativamente y cuantitativamente, ayudaremos a nuestros vecinos siendo solidarios en momentos de tristeza, de flaquezas, de errores, de traspiés, de todo lo que hace a la unidad, a pesar del malo del barrio.

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