EDITORIAL

Los "irresponsables" nucleares, de mañana

En la Casa Blanca hay una profunda molestia por el acercamiento del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva con el régimen de Irán. Ese malestar es de dominio de los cuerpos diplomáticos y de las cancillerías, quienes perciben que la relación Estados Unidos ­ Brasil no pasa por un muy buen momento, a pesar de que los gobiernos no andan a los gritos.

La secretaria de Estado de los EEUU, Hillary Clinton, estuvo en Brasil hace más de una semana, para convencer a Itamaratí y al propio Lula de que Brasil apoye nuevas sanciones económicas contra Irán. Pero las gestiones no tuvieron éxito.

Para observadores internacionales calificados, lo que está como telón de fondo es el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, que tiene dos objetivos formales: impedir que nuevos países se tornen capaces de producir armas atómicas y promover el desarme nuclear de los países que son potencias nucleares. Pero la comunidad internacional es consciente que ninguno de estos dos objetivos definidos en 1970 está siendo cumplido. Después del tratado, India, Pakistán, Israel y probablemente Corea del Norte se tornaron potencias nucleares. Y no hubo sanciones mayores contra los tres primeros países. Por otro lado, no hay noticias de la reducción que el tratado preveía de los arsenales atómicos de las grandes potencias.

También hay coincidencias en la comunidad internacional de que el Tratado tiene como objetivo principal impedir que «países irresponsables» se armen nuclearmente. Pero hay una pregunta que muy pocos se la hacen en voz alta: ¿qué es un país responsable?

Según el analista internacional brasileño Luiz Carlos Bresser-Pereira, a esa pregunta sobre las responsabilidad hay que agregarle otra: «¿Por qué Pakistán e Israel son responsables mientras que Irán no lo es?

El columnista, quien también es colaborador de La Onda digital de Uruguay, reconoce que el tema de «la amenaza es importante», pero recuerda que las grandes potencias «no cumplieron el Tratado, no se desarmaron, porque eso no les interesa».

Ningún país, agrega Bresser Pereira, osa atacar a otro que tenga fuerza nuclear. Ahora, si la posesión de armas atómicas es una buena razón para que Rusia o China no ataquen a los EEUU y viceversa, ¿por qué no sería también una buena razón para que Israel no ataque a Irán y viceversa?».

Parece que ha llegado el momento de que nuestro país tome una posición más activa respecto a esta problemática, donde están en juego múltiples factores e intereses. Más cuando en alguna esquina de los próximos cinco años estaremos discutiendo sobre la viabilidad o no de la energía nuclear en nuestro país, con fines absolutamente pacíficos. Que no nos vaya a pasar que alguien, seguramente poderoso, nos califique como irresponsables y así se empiece a agitar el fantasma de que nos estamos involucrando en la carrera de las armas nucleares.

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