El Presidente convocó a las FFAA
En un gesto desusado, pero para nada improvisado, el presidente de la República, José Mujica, se dirigió personalmente ayer a las Fuerzas Armadas.
Lo hizo en una unidad militar y rompiendo con su estilo, escribió gran parte del breve pero contundente discurso.
No evitó ningún tema por espinoso que fuera; desde los enfrentamientos del pasado, de los que fue protagonista, hasta las carencias presupuestales para que las FFAA cumplan con sus misiones específicas.
El hecho en sí es novedoso y audaz. El tono usado, comenzó diciendo «Soldados de mi patria, y en el término los incluyo a todos» y terminó «Gracias soldados», fue de cercanía, hablándoles, como lo subrayó en su condición de «ciudadanos» aparte de la obvia de militares.
Fue un discurso simple, directo, pero denso en ideas, en propuestas, en inflexiones trascendentes para el país.
Mujica reiteró uno de los conceptos principales manejados desde su primer discurso al asumir la Presidencia: la unidad nacional.
Reconoció las dificultades para lograr esa unidad nacional, a la que definió como «una larga y trabajosa construcción social y política».
Indicó que es necesario «tener objetivos comunes» y los definió: «Nuestra común causa, soldados, sería la lucha contra la pobreza y la miseria por todo lo que encierra de justicia social, pero por todo lo que propone de unidad nacional».
«Les quiero dejar esa invitación: participar a fondo en esta lucha», enfatizó el Presidente. Esa fue la invitación central de todo el discurso, integrar a la Fuerzas Armadas, al objetivo central de la nación: combatir la pobreza y la miseria, lograr un país con justicia social.
Mujica dijo que «la unidad nacional es mirando hacia el futuro» y reconoció «pero esa unidad nacional tiene además, los obstáculos de la historia. Por eso estoy aquí, me hago cargo de una causa común. No me puedo hacer el distraído».
«Estas Fuerzas Armadas de hoy dijo Mujica no deben cargar con ninguna mochila del pasado ante su pueblo. Pero esto no es cosa de decirlo, hay que cultivarlo, hay que hacerlo evidente a los sentimientos de la gente. Es esto lo más difícil, soldados. Esto no funciona por ordeno y mando. No hay otro camino posible en mi humilde opinión más que la lenta persuasión por la vía de los hechos. Hay que no cansarse nunca de servir noblemente a nuestro pueblo, para que éste nos termine haciendo parte afectiva de su yo».
«No me quiero dejar acorralar por mis sentimientos, porque los preciso a todos para pelear contra la pobreza. A todos, y mi corazón es parte. ¿Cómo no va a ser parte si he sido un viejo combatiente? ¡Sería un cínico si dijera lo contrario! Pero mi conducta debe ser objetiva y tiene que tener el coraje de gritar «patria para todos y con todos». ¡Y con todos!», agregó.
Además de esta parte política e institucionalmente central de su discurso, Mujica también enfrentó con franqueza la situación presupuestal de las FFAA.
«Debo asumir reconoció- que la mayoría de los soldados rasos de mi patria navegan en la pobreza». Afirmó que hay que atender esta situación desde lo presupuestal, pero aclaró con firmeza: «El país tuvo que priorizar otros frentes en estos años: atender a la pobreza y sobre todo a la indigencia extrema, atender las obligaciones del endeudamiento. Hay coletazos del 2001 y del 2002 que todavía nos están golpeando». Para dejarlo planteado con meridiana claridad precisó: «También hay que reconocer que no puede haber Fuerzas Amadas ricas en un país pobre, porque sería hasta un abuso y nos compete a todos, en primer término al Presidente, priorizar la lucha contra la pobreza y la miseria como el gran objetivo de la nación entera con todas las consecuencias que esto signifique o requiera».
El discurso del Presidente fue cerrado con un aplauso por todos los presentes.
Una propuesta franca, un invitación expresa a construir otra relación entre las FFAA y la sociedad, cimentada en la contribución de estas a los grandes objetivos del país todo.
Un comienzo, no exento de opiniones y de diferencias.
El Presidente le habló a los militares de frente y sin intermediarios y los invitó, más allá de los temas pendientes, que allí están, que no son menores y que siguen necesitando respuesta, Mujica habló de «juntar pasados distintos sin renuncias ni olvidos»; a encarar un futuro de relacionamiento distinto.
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