Los responsables de la nueva crisis
«Estamos viviendo la peor crisis en las relaciones en los últimos 35 años». Así lo afirma el embajador de Israel en Estados Unidos profesor Michael Oren, refiriéndose al estado de las relaciones entre los dos países. «No es tan así, pero podría llegar a serlo… vamos en esa dirección», comentó anoche al canal 2 de la televisión israelí el Dr. Martin Indyk, ex alto funcionario del Departamento de Estado en la presidencia de Bill Clinton, hoy allegado al presidente Barack Obama.
En el terreno, mientras tanto, la situación está que arde. Disturbios diarios y fuertes en Jerusalem oriental, amenazas de nueva intifada y de guerras religiosas.
Ello es en gran medida el desenlace del incidente registrado durante la reciente visita del vicepresidente norteamericano Joe Biden a Israel, al sorprenderlo con un comunicado que indicaba que Israel había resuelto construir 1.600 nuevas casas en Jerusalem oriental.
Para Israel eso podía ser totalmente normal, pero no para el huésped. Cabe recordar que mientras Israel sostiene que Jerusalem es, entera, su capital indivisible, los palestinos exigen que la parte oriental sea la capital de su futuro Estado independiente. Y la posición norteamericana llama a negociaciones sobre todos los puntos en disputa, también Jerusalem.
La gran pregunta es si ese anuncio justificaba la tormenta que estalló después.
Pero comencemos analizando el rol de cada parte en la situación actual.
Israel
El primer ministro Benjamin Netanyahu parece que realmente no sabía nada acerca del comunicado que se iba a publicar justamente durante la estadía de Joe Biden en Jerusalem. Pero ayer aclaró que Israel seguirá construyendo en toda Jerusalem, tal cual lo ha hecho durante los últimos 40 años. Esta es y ha sido política oficial de gobiernos israelíes de derecha y de centro izquierda, pero Netanyahu debe ser consciente de lo delicado del tema mientras siguen las negociaciones.
Quizás lo más importante para impedir grandes estallidos es garantizar la distinción entre la construcción en barrios judíos como fue el caso del último comunicado y lo que hacen algunos grupos de extremistas de derecha que se instalan en barrios árabes en abierto desafío.
Netanyahu tendrá que decidir qué es más importante: preservar su coalición de gobierno en la que él mismo y el partido laborista son los elementos más moderados y todo el resto está a su derecha o avanzar en las negociaciones de paz, contando con el apoyo de Estados Unidos.
El premier israelí exhortó abiertamente a los palestinos durante casi un año a volver a las negociaciones de paz, se manifestó en favor de la creación de un Estado palestino que viva en paz junto a Israel y destacó repetidamente la importancia de la paz, aliviando además varias restricciones al movimiento de la población en Cisjordania, lo cual se hizo sentir claramente en el terreno.
Pero por otro lado, ha dado pasos que lo presentaron como quien cedía a presiones de elementos religiosos de derecha dentro de su gobierno, lo cual complicó más aún las cosas en la relación con los palestinos. Y el objetivo debe ser avanzar en las negociaciones, no demorarlas.
Estados Unidos
La administración Obama está exagerando en su reacción totalmente desproporcionada al incidente durante la estadía de Biden, reprochando a Israel en público como una maestra de jardinera que quiere enseñar buenos modales a los niños rebeldes, en un tono totalmente desproporcionado, que lindaba a veces con prepotencia diplomática.
El ejemplo más reciente fue el de David Axelrod, asesor del presidente Barack Obama, quien dijo que lo que sucedió fue «una afrenta, un insulto» y aclarando que lo peor es que todo «parecía calculado para sabotear (el acordado inicio de las conversaciones entre Israel y los palestinos), algo preocupante para todo aquel que promueve la idea de la paz y la seguridad en la región».
No oímos a nadie de la administración Obama hablar en términos tan duros y atribuir tan malas intenciones a nadie, cuando los palestinos rehusaban durante un año volver a la mesa de negociaciones. Tampoco hablaron en ese tono cuando los palestinos se disponían a honrar la memoria de una terrorista responsable del así llamado «atentado de la carretera» en el que mató a 37 civiles, inaugurando una plaza con su nombre. A los palestinos no les hablarían así, porque no sería «políticamente correcto», pero a Israel… es otra cosa.
Pero lo más grave es que el tono de Washington en sus críticas a Israel alienta a los más radicales entre los árabes.
La forma en que Estados Unidos le habla a Israel en los últimos días, da a los árabes la clara sensación de que pueden aumentar sus exigencias, porque tendrán respaldo para ello. Eso es una seria muestra de irresponsabilidad y desconocimiento de la psicología de Oriente Medio.
Palestinos
Israel empezó el incidente, Estados Unidos lo siguió a ritmo acelerado y los palestinos aprovechan la escena para encender el fuego y azuzar lo más posible las llamas.
Por eso se oye estos días hasta a figuras nada religiosas de Al Fatah como Muhamad Dahlan llamando a «proteger Al Aksa de los judíos», dando a entender que Israel tiene interés en atacar su mezquita sagrada. Dahlan sabe que eso no es cierto, pero también sabe que nada mejor que una acusación de cariz religioso, para encender fuego en la ciudad sagrada.
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