Mujica compartió nuestro dolor

Ante una embajada repleta de pueblo , estimado en varios centenares de compatriotas residentes en Santiago de Chile , tuvimos la formidable oportunidad de vivir una suerte de nueva asunción presidencial en la cual el presidente José «Pepe» Mujica esbozó las principales líneas conductoras de su gobierno y la esperanza de una vida mejor para todos los uruguayos.

Es difícil abstraerse de su sello de templanza, de la indeleble impronta propia del hombre que vuelve de muchas vidas y heridas, pero que mantiene incólume el amor por sus semejantes e intacta la utopía de encontrar una sociedad y un mundo más justos.

Rodeado del canciller Luis Almagro y del embajador Carlos Pita quien lo presentó, Mujica nos sumerge en el Uruguay y su gente. Nos lleva por un instante a la patria y a sus rincones, a sus paisajes y a la belleza interior de su gente y a los colores de su espíritu profundamente republicano y democrático.

A la mejor manera de las mateadas a la salida de la cárcel y a través de las cuales comenzamos a conocer al Mujica líder de masas, desplegando su enorme humildad y capacidad de empatía con el pueblo, su ceño se frunce cuando habla de la educación, de la enseñanza y de la escuela integral de tiempo completo. Cruza las piernas y bebe un sorbo de agua y arremete contra la visión apocalíptica de algunos compatriotas que no dimensionan a cabalidad aún la calidad de vida y la base material de 180.000 km2 al margen aún de fenómenos naturales devastadores como el que estamos viviendo en este porfiado país de cordillera y mar . Cierra su puño y alza la voz para lanzar a los cuatro vientos y a quien lo quiera escuchar para expresarse sobre el potencial que posee nuestro bendito país como productor de alimentos. Entrelaza el futuro del Uruguay al destino de lo que hemos dado en llamar «Mercosur». Patria chica, patria grande, América Latina en el mundo competitivo y hostil, en la aldea global del conocimiento y de las patentes .

¿Cómo acortar la brecha entre el mundo rico y el mundo pobre?

En esa perspectiva, el análisis de Mujica apunta a la incorporación y capacitación de niños y adolescentes al mundo inteligente que respiramos cada día con transformaciones vertiginosas, a no desperdiciar el tiempo con la falsa modernidad del consumismo y la banalidad, a enfocarnos en mundo laboral exigente y cada vez más especializado.

De extender el Plan Ceibal al mundo adolescente y a los liceos, a los que tendrán la enorme responsabilidad de construir el Uruguay de las oportunidades y a hacer de ese pequeño rincón del mundo una fuente de conocimiento y modernidad.

En medio de su prédica, detiene su marcha para recrear el sueño de Bolívar y de los grandes libertadores y nos alienta a seguir construyendo un destino común y casi a manera de despedida a regresar, si aquello es posible, a la patria. Con respeto y entendible cansancio saluda y se deja fotografiar con su pueblo. Transmite tranquilidad y esperanza para quienes quedamos esparcidos a lo largo de Chile luego del imborrable terremoto ocurrido a las 3.34 AM de un 27 de febrero de 2010.

En la mañana, desde un costado de la alfombra roja por la que ingresó Sebastián Piñera a la testera del Congreso Nacional investido por la soberanía popular como nuevo gobernante de Chile, siente la misma inquietud que Uribe, García, Lugo y Evo demostraron mirando hacia el cielo raso del hemiciclo y todos quienes permanecimos casi paralizados en nuestras casas. Todos los mandatarios llegaron en clara señal de paz y solidaridad con una nación en estado de catástrofe. El nuevo sismo de 7 grados en la escala de Richter y con epicentro en Rengo, cerca de la ciudad de Rancagua (100 km al sur de Santiago) no será obstáculo para que el tranquilo metal de su voz se deje escuchar por las radios chilenas transmitiendo el cariño del Presidente de todos los orientales en un Chile conmocionado por el dolor y el miedo.

Las ceremonias y rituales de la liturgia republicana se suspenden ante la fuerza de la naturaleza. No hay tiempo para honores, es tiempo de construcción, de afectos.

Replica en el alma la voz y la solidaridad de Mujica. Su comitiva y una decena de periodistas se embarcan hacia la altura de La Paz y otros desafíos.

Pepe, presidente, amigo, compañero, ­en nombre de todos los orientales residentes en Chile­ gracias por estar junto a nosotros en estas horas difíciles, por compartir nuestro dolor .

¡Hasta la victoria, siempre!

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