El día del Liberad@
El domingo 14 de marzo se cumplen 25 años del histórico día en que los últimos compañeros presos de la dictadura, con sus pertenencias al hombro en vehículos militares, ante un mar de pueblo que rodeaba el edificio de Cárcel Central, recuperaron su libertad.
Catorce días antes había asumido la Presidencia el doctor Julio María Sanguinetti y el Parlamento elegido en las elecciones celebradas el último domingo de noviembre de 1984, había aprobado ya la Ley Nº 15.737, que otorgaba la libertad a todos los prisioneros políticos.
Para nosotros, desde nuestra fundación institucional, el 14 de marzo, es el día de la y del liberado, es decir el día de las personas que durante el terrorismo de Estado sufrieron prisión por razones políticas, gremiales o ideológicas. Celebramos el día de las y de los ex presos políticos de este país. De los que estuvieron presos unos pocos meses, algunos años o de quienes se comieron varios años. De todas y de todos.
No es un día de nostalgia, porque no vivimos de cara al pasado sino de cara al presente y al futuro de nuestro país. Para nosotros fue, es y será un día de reafirmación de nuestro pasado, de nuestra historia, de nuestras convicciones, de nuestros sueños, de nuestros valores, de nuestra identidad política, ética y humana, de la fraternidad, de la solidaridad que era común a todas y a todos y que nos hermanó y nos posibilitó sobrevivir y salir adelante.
Como colectivo, nucleados en Crysol, celebramos el día del liberado todos los años porque consideramos un honor haber sido luchadores sociales y políticos, haber participado activamente en las luchas sociales que conmovieron a nuestro país en las décadas de los 60, de los 70 y comienzos de los 80.
Fuimos miles y miles, integrábamos diferentes y distintas organizaciones políticas, con diferentes ideologías, filosofías, estrategias, tácticas, metodologías de lucha y posicionamientos ante la vida y el mundo. Fuimos miles que participábamos en diferentes movimientos sociales, gremiales, culturales y artísticos.
Proveníamos de diferentes ámbitos de la sociedad. La mayoría proveníamos de los más vastos sectores populares. Eramos mujeres y hombres, viejos y jóvenes, algunos muy jovencitos. Pero todos luchando por una sociedad mejor y más justa. Así también fue muy diferente nuestra experiencia y nuestra trayectoria individual una vez que recuperamos la libertad y volvimos al seno de la sociedad, la reinserción fue diferente.
Para todas y todos, en mayor o menor medida, la cárcel fue una experiencia traumática y dolorosa, que marcó nuestra existencia y nuestra vida. Pero fue también y lo reivindicamos, una experiencia diaria de lucha con la vida, con nuestras convicciones, con nuestros principios y valores, con nuestros sueños y un lugar de lucha apasionada, de combate, de resistencia frente a los intentos de destruirnos política, física, psíquica, ética y moralmente por parte de quienes se habían adueñado de los destinos del país a sangre y fuego.
Como colectivo organizado es un día de reafirmación de nuestros valores comunes, de nuestras aspiraciones, de nuestros deseos y de los derechos que las normas internacionales de derechos humanos nos otorgan a todas y a todos, ya sea que hayamos estado recluidos en Cabildo, en Carlos Nery, en Cárcel Central, en Punta Carretas, en Punta de Rieles, en Paso de los Toros, en el Fusna, en Prefectura Naval, en Boiso Lanza, en el Penal de Libertad o en los diferentes cuarteles que oficiaron de centros de reclusión.
La Resolución 60/147 de las Naciones Unidas del 16 de diciembre de 2005 establece muy claramente cuáles son nuestros derechos y cuáles las obligaciones de los Estados para cumplir con sus responsabilidades.
Proclamar nuestros derechos, demandar su implementación en la vida diaria de nuestro país, no es saldar deudas viejas o cobrar cuentas.
Es simplemente bregar por una sociedad democrática, más justa, donde rijan las garantías constitucionales, las normas propias de un Estado de derecho, las disposiciones legales que correspondan y las normas de derechos humanos tan necesarias para transitar hacia un país libre y soberano.
La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todas las personas, como reza en la Declaración Universal de Derechos Humanos desde 1948.
Implementar todos los derechos que se consagran en la Resolución 60/147 de las Naciones Unidas es un paso imprescindible para que la sociedad uruguaya pueda seguir avanzando.
Anular todas las disposiciones legales que impiden ejercer nuestro principal derecho, el acceso a la justicia, a la verdad, sigue estando a la orden del día y así lo demanda incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos:
El domingo 14, a la hora 12 en el Parque Vaz Ferreira, en el Memorial, rendiremos homenaje a nuestros detenidos desaparecidos realizando un minuto de silencio.
A partir de las 16 horas, con un acto artístico cultural, en las instalaciones del Club Bohemios, a 25 años, nos reencontraremos todas y todos. Celebraremos una vez más el Día del Liberad@ junto a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros y al conjunto de la sociedad.
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