Por la verdad

Por iniciativa Simón Bolívar, el 27 de junio de 1818 en Angostura, capital provisional de Venezuela, se puso en circulación el «Correo del Orinoco» con el slogan: «Los soldados ganan batallas y el Correo del Orinoco gana la guerra».

La visión de Bolívar sobre el uso de un medio de difusión es de tal magnitud que anuncia la creación de becas artesanales, para instruir a los jóvenes en las artes gráficas, crear más editoras y hacer del incipiente periodismo un instrumento para ganar «la batalla de las ideas».

En 1819 El Libertador dirá: «el derecho de expresar sus pensamientos, y opiniones de palabra, por escrito, o de cualquier otro modo, es el primero y más estimable bien del hombre en sociedad. La misma Ley jamás podrá prohibirlo, pero tendrá poder de señalar justos límites, haciendo responsables de sus impresos, palabras y escritos, a personas que abusaren de esta libertad, y dictando contra este abuso penas proporcionales».

Hoy, en nuestro país, seguimos librando la lucha por la independencia, soberanía, autodeterminación política y económica, así como por una distribución justa de la riqueza, pero también luchamos por la verdad ante una campaña mediática, sin precedentes, cuyo fin es aislar internacionalmente a nuestro país.

Por supuesto que el proceso de cambios que tiene lugar en Venezuela no está excepto de fallas y errores. ¿Y qué país no tiene problemas? Sólo revisemos lo que está ocurriendo en las economías más desarrolladas del mundo, en particular Estados Unidos, para cerciorarnos si esos países tienen o no problemas.

Ahora, por encima de esos errores y fallas, se encuentran las decisiones estratégicas que se han venido tomando y que ciertamente afectan intereses de los grandes capos de las financias, del comercio y de la economía neoliberal capitalista, en la medida en que se avanza en la construcción del socialismo. Como respuesta –y sobre todo en épocas de elecciones–, se monta entonces un tinglado audiovisual, radiofónico e impreso, aderezado con medias verdades, que sólo pretenden engañar o, en todo caso, confundir a los usuarios y usuarias de estos medios de comunicación, incluyendo amigos.

Es así como en Estados Unidos el Departamento de Estado acusa a Venezuela de ser puente del narcotráfico, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) –la misma que reconoció al golpista en abril de 2002–, ahora arremete contra nuestro país, un juez de la Real Audiencia relacionado con José María Aznar, vincula sin evidencias a Venezuela con la ETA y la FARC, a nuestro presidente lo asocian prácticamente con todo lo malo y a partir de allí se dice que su popularidad es cada vez más baja, que está en aprietos, –por las nacionalizaciones o expropiaciones, por las manifestaciones de un grupo de estudiantes, la mayoría de universidades privadas o por la situación de restricción eléctrica– y que la Revolución Bolivariana se encuentra debilitada y avanza con dificultad.

Sin embargo, esos mismos medios de comunicación se dan la respuesta al citar una expresión popular utilizada por nuestro presidente: «Hay que regalarles unas buenas sillas a ellos pa’ que esperen sentados».

Chávez sigue siendo el político más popular de Venezuela y no lo es por obra del azar o de la providencia, sino por la política que desarrolla –en todos los ámbitos de la sociedad–, que no está atada a organismo internacional alguno o a intereses de minorías plutocráticas, sean del signo que sean. Su compromiso es con la inmensa mayoría de los venezolanos.

Además y para desengaño de algunos: la oposición venezolana está más debilitada que nunca, en su seno hay una «pelea de perros» (con el perdón de los caninos) en la conformación de la lista para las elecciones parlamentarias del próximo mes de setiembre y en la selección del candidato para las presidenciales de 2012. Como lo dicen ellos mismos «No ha surgido un retador capaz de romper su dominio en el poder», hay que decir de Chávez.

Esperemos que después no canten fraude.

Posdata: quiero pedir disculpas porque en el artículo de la semana ubiqué como mexicano al nicaragüense Alexis Arguello. He debido decir José «Pipino» Cuevas

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