Viviendas y autoconstrucción

La autoconstrucción como forma de producción de un lugar para vivir debe ser vista y analizada desde distintos ángulos.

Más del 70% de la producción de viviendas en América Latina en los últimos 50 años han sido a través de soluciones individuales resueltas e implementadas por la propia gente y esto no se debe tomar como una elección u opción de estas, sino como una imposición donde la falta de opciones y promociones desde el Estado por velar por este derecho humano ha estado omiso pues quienes promueven su achicamiento lo hacen dentro de la lógica que condiciona los marcos crediticios que deciden cómo producir, dónde producir y el resultado de cómo distribuir.

Los intentos de tomar la autoconstrucción como «modelo» contarán con nuestro apoyo por la responsabilidad histórica de aportar a los cambios concretos que permitan comenzar a revertir las condiciones inhumanas en que viven miles de nuestros compatriotas.

Esta ejecución no debe hacerse sin transiciones, sin análisis crítico y sin participación popular, por la sencilla razón de que la debemos adecuar a una acción puntual y concreta con lógica diferente.

Hemos sostenido infinitas veces que la vivienda es un envase, una cáscara, y lo que importa es lo que está adentro, el ser, la familia, la gente, nuestras hermanas y hermanos.

La vivienda y el hogar son elementos decisivos que permiten al hombre desarrollar un sentido de su propio yo, en tanto que perteneciente a un lugar determinado; la casa representa una de las principales formas de integración de los pensamientos, los recuerdos y los sueños de la humanidad. Sin ella, el hombre sería un ser disperso.

Esta lógica la afirma Heideger; «el alma es una morada. Recordando las casas y las habitaciones aprendemos a mirar dentro de nosotros mismos; la casa es el lugar del goce y del acopio de recuerdos que forjan una identidad y permiten recomponerse en una radical intimidad como siendo igual a sí mismo las imágenes de la casa están en nosotros porque nosotros estamos en ella. En un sentido práctico, puedo comportarme humanamente hacia un objeto sólo en tanto el objeto se comporte de manera humana hacia mí.»

Las crisis cíclicas nos han dejado recuerdos y cicatrices profundas.

En barrios como «Las Láminas» vivimos y compartimos imágenes de cientos de niños afincados donde en varias manzanas no se veía un juguete; en Piedras Blancas (Quinta de Batlle), niñas embarazadas de 13 años confesaban y daban la explicación del hecho diciendo: «Fue porque quería tener algo mío».

Uruguayos y uruguayas, es hora de aportar para erradicar estas soledades arrollando con solidaridad aquello de que según vive el hombre, así piensa.

La casa es la extensión de la persona, una especie de segunda piel, un abrigo o caparazón que exhibe y despliega tanto como esconde y protege.

El entorno y las imágenes de la casa permiten, moldean, informan y reprimen al mismo tiempo las actividades y las ideas que se desarrollan dentro de sus paredes, un entorno creado y decorado como escenario de la habitabilidad. La casa y la habitación se convierten así en un agente de pensamiento y en un primer agente socializador.

La autoconstrucción ha permitido hasta ahora apenas alojarse, amontonarse, refugiarse socialmente y refugiarse de la intemperie e instalarse como pueda cada uno con sus recursos.

Para ello estas familias, que en un alto porcentaje debieron tomar la opción de priorizar su salario para alimentarse, pues o comían o pagaban el alquiler.

Estas construcciones fueron realizadas tomando una cuota parte de sus salarios, menguando así más sus ingresos y generando un impuesto al sueldo en solapado, no reconocido nunca oficialmente como política de blancos y colorados durante los últimos 30 años.

Aquellas aguas trajeron estos barros.

Refugiarse o alojarse no es lo mismo que habitar, por lo tanto aportaremos a esta autoconstrucción pues permitirá iniciar un camino en el cual el trabajador recibirá financiación, ampliando la cobertura desde el Estado, que hasta hoy caía todo el peso sobre su bolsillo, así como le allanaremos el camino brindándole nuestro aporte humilde de 40 años de organización y aplicación de mano de obra de ayuda mutua como forma de trabajo, y en forma de sinergia la cooperación como forma de organización.

Porque como el hambre no espera, porque el invierno no perdona y porque «la esencia del construir es el dejar habitar».

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