EDITORIAL

La derecha no pierde las mañas

El miércoles 3 dio comienzo oficialmente la cuadragésima séptima Legislatura. Fue el estreno de Danilo Astori como presidente del Senado, el retorno de Lacalle al Parlamento y el bautismo de fuego de varias figuras nuevas, entre ellas Pedro Bordaberry.

Se trataba de una sesión destinada a cumplir ciertas formalidades reglamentarias tales como la elección de los vicepresidentes y el régimen de trabajo, dos temas en los que las distintas bancadas ya se habían puesto de acuerdo. Por tanto, no cabía esperar debate alguno.

No obstante, con la firma de los doctores Sergio Abreu y Ope Pasquet, la oposición presentó ­fuera del orden del día y con carácter grave y urgente­ un proyecto de declaración sobre la muerte en prisión del disidente cubano Orlando Zapata, ocurrida el 23 de febrero. Con ello, la derecha introdujo ­innecesaria e inoportunamente­ un asunto urticante generando así un elemento de distorsión en el clima de entendimiento y concordia que reinaba en la Cámara.

Como se consigna en la crónica publicada ayer, la bancada oficialista no votó la urgencia para el tratamiento del tema, y finalmente se resolvió que el proyecto de declaración sea estudiado y debatido en la Comisión de Asuntos Internacionales, donde se espera llegar a una redacción definitiva que cuente con el apoyo de todos los partidos y sectores. ¡Por fin!

El texto presentado por blancos y colorados contenía un último párrafo que rezaba textualmente: «En un marco de respeto por los Principios de No Intervención y de Libre Determinación de los Pueblos, instamos al gobierno de la República de Cuba a promover el pluralismo político y garantizar las libertades que hacen al ejercicio pleno de los derechos de sus ciudadanos». Obviamente, ese último párrafo puede configurar una violación del principio de no intervención. El empleo del verbo ‘instar’ (apretar o urgir la pronta ejecución de una cosa, según el diccionario) da a la declaración un innegable contenido de intromisión en los asuntos internos de un Estado, y no corresponde en modo alguno que el Parlamento uruguayo se inmiscuya de forma tan grosera en la vida de un país hermano.

Hay elementos suficientes como para sospechar que la derecha urdió un pequeño juego, una triquiñuela ramplona cuyo efecto no es otro que enrarecer el clima de entendimiento que el presidente Mujica ­y la fuerza política a que pertenece­ se afanan por generar. El senador Michelini lo expresó sin ambages, al decir que la oposición se había propuesto lograr el voto negativo del oficialismo con el fin espurio de introducir un tema que de antemano se sabía generaría polémica.

A tres días de haber asumido el nuevo presidente en un clima de concordia y reiterando los llamados a acordar y a trabajar en conjunto con los partidos del llano, esta inopinada jugadita de la derecha se vuelve una piedra en el camino de los acuerdos interpartidarios. No es una roca, desde luego, sino un pequeño guijarro que fácilmente puede quitarse del camino; pero no es una buena señal. Hubiera correspondido que el asunto se ventilara de entrada en la Comisión respectiva y no presentar un texto en forma inconsulta con carácter grave y urgente.

Los uruguayos y las uruguayas sentimos congoja por el hecho luctuoso sucedido en Cuba. Pero no estamos pendientes de si en ese país se respetan los derechos humanos o no, porque son otras nuestras preocupaciones y nuestras expectativas cuando acaba de asumir el segundo gobierno de izquierda en el país y se ha creado un ambiente propicio para grandes acuerdos nacionales.

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