Chile, el dolor de un pueblo

Nombres como Cobquecura, Dichato, Iloca y tantos otros seguramente pasarán desapercibidos para muchos uruguayos, que en estas horas han asistido al ejemplar traspaso de mando presidencial en una ceremonia austera y republicana, al pie del monumento a José Artigas.

La alegría es el signo puntual del país de los pájaros pintados, expresada en el rostro de los orientales y en el semblante del presidente Mujica, quien tuvo palabras de solidaridad y de afecto hacia las víctimas del devastador terremoto y el maremoto que asolaron las regiones Metropolitana, del Maule y Octava Región del Bío Bío.

Lo cierto es que un puñado de uruguayos residentes en Chile se plantea inquietudes tales como la propia supervivencia, la condición de familiares y amigos que viven en situaciones precarias y que el sismo acrecentó y la angustia de asistir a un fenómeno de la naturaleza que deja secuelas imborrables.

Las agencias de noticias internacionales y algunos medios se han preocupado en destacar los actos de pillaje y vandalismo que grupos muy marginales han cometido en algunos puntos de Concepción, Santiago o Talca, generando por cierto la réplica del horror y de lo peor del género humano en situaciones de catástrofe. Lo que la gran prensa no destaca porque no es noticia seguramente, es la cantidad de actos heroicos de padres que salvan a sus hijos y viceversa. En estas horas hemos asistido a actos de gran entereza moral, de enorme generosidad, entre gente muy humilde que comparte pobreza, desesperanza y también amor , el dulce y agraz de la vida misma.

Por ejemplo: tengo una buena nueva para compartir con ustedes… Un hijo salvó a su madre dormida a la hora del sismo en Iloca, balneario de arenas negras en el Pacífico, a 90 kilómetros de Curicó, al que se llega atravesando el hermoso lago Vichuquén. El joven levantó de su cama a su madre y la llevó en sus brazos hasta la cima de un cerro aledaño. Desde allí contemplaron la ola gigantesca que arrasaba con la propiedad de la familia Saavedra, cabaña construida con esfuerzo y que en alguna oportunidad nos albergara. Estos son los chilenos, amigos míos, esa es la gente de Curicó, amable, cariñosa, bondadosa… Ese es el mayor capital de esta tierra. Su gente, su pueblo, hoy quebrado por el dolor pero que es capaz de rehacerse de sus propias cenizas. Chile no es el desenfreno de los vándalos que en un supermercado cargaron licor y electrodomésticos… La enorme mayoría de seres anónimos y silentes ya se ha puesto su camisa en la mañana y ha salido a trabajar, porque la vida, el día a día, imponen el desafío de vencer al miedo y a la muerte, al terror de una noche bajo 8,8 grados en la escala de Richter.

Entonces, la gran pregunta de estas horas es: ¿Cómo podemos ayudar a Chile, a nuestros compatriotas uruguayos que viven en la faja angosta e interminable sacudida por la tragedia y que están solicitando nuestra cooperación a través del Consulado de Uruguay en el país trasandino?

Lo que Chile necesita hoy, compañeros en el gobierno de la República y ciudadanos de a pie, básicamente es agua potable, hospitales de campaña para asistir en las zonas críticas (Santa Cruz, balneario de Pichilemu en la Sexta Región), Talca , Curicó, Parral, en la Séptima Región) y Concepción, Hualpén, Hualpencillo, Puerto de Talcahuano, en la VIII Región, hermosa ciudad portuaria donde la desocupación provocada por la merma de la pesca ya con anterioridad al terremoto, ha generado delincuencia y otras pandemias sociales.

Se necesitan médicos y enfermeros, gasas y elementos básicos para intervenir quirúrgicamente a quienes siempre son las víctimas en situaciones de crisis, a esos rostros inocentes y mudos de los niños, como los de Haití, quebrado por igual flagelo.

Existen en Uruguay dos instituciones que por su capacidad logística y elementos pueden asistir al país trasandino. El Ejército Nacional, que forma parte ya de una fuerza multinacional en el Caribe y que posee canes adiestrados para ubicar sobrevivientes, seguramente hospitales de campaña, médicos, enfermeros y toda la preparación que un militar posee para actuar en este tipo de emergencias.

OSE puede ayudarnos con alguna planta purificadora de agua. Entiendan y comprendan que esta invocación excede quizás el papel de un análisis y que quien suscribe apela al Uruguay , a sus mejores hombres y mujeres para la solidaridad.

«Chile roto»…, destacó Mujica investido como presidente en su discurso. Esta vez, no por obra de una cruenta dictadura, sino por la violencia de la naturaleza, que no conoce de religiones, de ideologías, de la codicia y avaricia del hombre y que se lleva todo consigo, sin tomar en cuenta los perdones y los dolores del alma. Chile roto, compañeros, hermanos, amigos uruguayos. Apelamos a vuestra solidaridad y compromiso. ¡Viva Chile!

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