Pe de participación y eme de marzo
Y llegó el acontecimiento que nunca nadie imaginó en la historia del Uruguay y en la vida de José «Pepe» Mujica.
El día en que fue investido Presidente de la República el otrora tupamaro.
Entre tantos pensadores y escribientes, no hubo quien fuera capaz de urdir tales escenarios. Lo dijo él mismo. El antes guerrillero que allá en su juventud no logró erradicar las injusticias aunque se brindó entero junto a otros, resistió, para llegado el momento buscarle la vuelta. Y la encontró.
Siempre adelante con el ideal de una patria para todos, intacto a pesar de la tortura, de la cárcel y el pozo por más de una década. La pasión por el bienestar de su gente brillando como el primer día.
Regresada la democracia tras el opresor régimen de facto, muchos no daban nada por la fuerza de las ideas del grupo de este candidato natural con profundos sentimientos libertarios, surgido de la militancia política.
Es fundamental no olvidar.
Será un error si caemos en el pintoresquismo «Pepe Pueblo Presidente» y nada para atrás ni para adelante.
Recordar los hechos funestos para que nunca más vuelvan a ocurrir, otorga sentido al sacrificio de tantas familias destruidas y patriotas asesinados, martirizados, desaparecidos.
Cada uno de nosotros deberá ser fiel repetidor de las gestas heroicas de los habitantes de este querido suelo oriental en busca del goce de sus derechos humanos. Tenemos obligación moral de contar cantando, hablando, escribiendo, filmando o documentando de diversas formas, la verdad de cómo llegamos a la gestión de las fuerzas de izquierda que nos damos por segunda vez. Deben estar presentes en los relatos y en los libros, los crímenes de lesa humanidad y el terrorismo de Estado perpetrados por la dictadura cívico-militar. Plan Cóndor, golpe de Estado, Escuela de las Américas, devastación económica y otras aberraciones, explicadas en su contexto latinoamericano e internacional y en su dimensión de miserabilidad a nuestros jóvenes junto a la educación científica o humanística, como antídoto no comprobado a nuevos brotes.
Pese a quien pese, un ex guerrillero no se transforma en presidente electo en forma unipersonal, sino porque sucedieron hechos determinantes y luego decidió la mayoría de la población.
Los anhelos sumados en votos, dieron a luz este nuevo país de socialismo posible dirigido por alguien que habla directo al corazón, con la realidad y sus dificultades a la vista, enfrentadas con compromiso y armadura democrática frenteamplista.
A no dejarlo solo.
A no esperar de otros lo que no somos capaces de dar, pues si de responsabilidades hablamos, estas se reparten en diferentes medidas y siempre hay algo que podemos hacer para cambiar la realidad.
El esfuerzo por una sociedad disfrutable no culmina con la investidura Pepe Presidente. Aquí cumplimos una importante etapa en el trayecto de la ciudadanía republicana y empieza otra más ardua que es gobernar para los públicos intereses sin banderías, lograr un conjunto compatriota integrado y una estructura social sana, curar las heridas que nos han divorciado como colectivo para llegar a ser una nación próspera.
Venimos de grandes dolores masificados y desde 2005 vamos con éxito subiendo la cuesta. Hay que seguir sin tregua para erradicar los fantasmas amigos de las prebendas y el autoritarismo.
Junto al ejercicio de la memoria para salud de nuestras instituciones, deberemos luchar día a día en las pequeñas y grandes acciones, en lo individual y en lo comunitario para generar conciencia plural. Educar a nuestros hijos en los valores de una convivencia respetuosa, pacífica e igualitaria para bien de todos, es simultáneamente un desafío doméstico y una tarea revolucionaria.
Para aumentar el índice de natalidad de la esperanza, pariremos juntos la alegría social diariamente después de hacer el amor con las ideas de solidaridad que predicaba y practicaba el padre José Artigas que sentenció entre otros dichos célebres: «La causa de la humanidad es la nuestra».
Por los que no están y por los que vendrán, por nosotros y el crisol multicolor que es Uruguay, podremos batallar desde donde estemos acompañando las transformaciones, reclamando pero también proponiendo, ayudando a gestar los mejores caminos para los cambios que serán profundizados. Incidiendo.
No dejando que otros decidan por nosotros. Participando.
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