No marearse
Por razones múltiples y complejas, pero fundamentalmente porque ha existido coherencia política por parte de la izquierda, hoy en Uruguay lo único imprevisible es el clima.
A pocos días de que se renueve la Presidencia de la República por cinco años, muy pocos países pueden mostrar un escenario republicano como el que los uruguayos estamos presentando al mundo y a nosotros mismos.
El que se va y el que viene se muestran apegados a la institucionalidad, aceptando lo que el destino les ha determinado. Tabaré Vázquez culmina su Presidencia trabajando, lo que hizo desde el primer día. José Mujica se apresta a acceder al poder, también trabajando.
Cada uno con su forma de ser, con su talante personal, pero los dos comprometidos con un país que fue vanguardia con sus realizaciones y que después fue detenido en su avance por la corrupción de la política encaramada en el Estado y por las novelerías trágicas del neoliberalismo.
Hoy, después de cinco años de gobierno de Vázquez, nacionales y extranjeros sienten que mirando al sur hay una sociedad que ha descubierto que otra vez puede estar en la primera línea de las realizaciones y de la construcción de renovadas sociedades.
Hay pequeños y grandes síntomas de lo que está ocurriendo. Vázquez fue homenajeado en el Grupo de Río, por su persistencia en la búsqueda de un entendimiento amplio entre los latinoamericanos.
Hillary Clinton, la máxima figura de la política internacional de Estados Unidos, se apresta a estar presente en la asunción de Mujica el 1º de marzo. Este gesto, por cierto interesado, hay que valorarlo y tenerlo en cuenta para un próximo gobierno que apunta al diálogo internacional.
No es poca cosa. Es mucha.
Mientras estos anuncios se suceden, los uruguayos están culminado sus vacaciones, en tanto los niños ya comienzan a sentir en sus barriguitas el nerviosismo del comienzo de las clases.
La oposición se rinde ante la evidencia, por lo menos en estos días, y se llama a un silencio respetuoso porque se da cuenta de que no hay lugar para el disparatario, porque la ciudadanía se ha volcado masivamente por la continuidad y el cambio.
Uruguay está en paz. Hay por delante una inmensa carta de crédito, lo que siempre es positivo y peligroso, a la vez. Lo positivo es obvio. Peligroso porque las expectativas son inmensas, a la vez que crece la autoestima de todos los uruguayos, aunque siempre haya alguno que sufre de rabietas inexplicables, linderas con la tontera.
Están dadas todas las condiciones para que el país siga avanzando, para que pueda influir en el mundo a pesar de su pequeñez a través de sus realizaciones, donde siempre lo prioritario es ampliar la democracia y crear las mejores condiciones para la justicia social. La que nos enseñara el padre Artigas.
El asunto no es marearse, pero a la vez el desafío es saber que se puede construir un futuro luminoso a partir de los éxitos de los últimos cinco años. Están dadas todas las condiciones y Mujica lo sabe.
Compartí tu opinión con toda la comunidad