El difícil camino de la enseñanza en Uruguay

La prosperidad de una nación se basa fundamentalmente en dos pilares: Justicia y Enseñanza. Recientes informes internacionales señalan la baja calidad de la enseñanza reciente en Uruguay.

En 1990, una materia introductoria que se dicta en Facultad de Derecho pasó a llamarse Evolución de las Instituciones Jurídicas. Con muy buen criterio se incluyó en la materia el tema de la Enseñanza del Derecho.

Explicarle a los estudiantes enseñanza, parece algo esencialmente importante y honesto, ya que están a punto de dedicar muchos años de su vida a estudiar una carrera y hacer de ese modo una importante inversión de tiempo y dinero.

Al elaborar el abordaje del tema, se estableció en mi cátedra que el núcleo del mensaje a los estudiantes es que hay dos formas de enseñar: una, dirigida a la práctica o a los conocimientos prácticos, muy participativa, basada en ejemplos y problemas a resolver, con método inductivo llamada en general pragmatismo, lo cual es además un método filosófico y de aplicación jurídica. Existe otra forma de estudiar, basada en la clase magistral, en la enseñanza autoritaria y no participativa, con un método exclusivamente deductivo, llamada en general conceptualismo, que también es además un método filosófico y de aplicación jurídica. (Puede verse el desarrollo completo en //aparicio.edu.uy Introducción al Derecho del Siglo XXI capítulo Décimo (ps. 391-410.)

En clase nosotros seguimos el método participativo pragmático y comenzábamos el tema con un caso concreto proveniente de la propia experiencia de los estudiantes en educación secundaria.

Los estudiantes habían estudiado física y electricidad, como es de orden.

Entonces se les pedía un voluntario para cambiar un fusible de la clase y la propuesta era para estudiantes que exclusivamente tuvieran formación secundaria, no algún caso que había pasado por escuelas técnicas.

En las numerosas clases nadie se prestaba.

Cuando era evidente que no había nadie capacitado para la tarea, preguntaba si había algún alumno que supiera lo que era un fusible. El mismo resultado: nadie sabía.

La materia la estuve dando 15 años, con una asistencia por grupo de centenares de alumnos. O sea varios miles de personas mayores de 20 años que aprobaron física y electricidad en educación secundaria y que no saben lo que es un fusible, ni obviamente hacer un cambio del mismo, o sea una tarea muy sencilla que se encuentra al alcance de la mayoría de las amas de casa y padres de familia sin estudios.

Esta es una de las numerosas pruebas que el suscrito realizó personalmente sobre la población estudiantil que le fue confiada (fueron mas de 10.000 aproximadamente) y en todos el resultado fue similar.

En el orden de los valores los resultados son aún mas preocupantes: ¿Tiene el derecho algo que ver con la moral? Respuesta predilecta, no, de ninguna forma.

Una mirada superficial por el material de estudio de la mayoría de la población uruguaya marca una enorme cantidad de conocimiento inútil, explicado de forma dogmática y confusa, y muy alejado de la realidad.

Se presta una atención minuciosa a que el estudiante aprenda de memoria la descripción del escudo de Aquiles conforme lo explica Homero y no se le da al estudiante una clase de mercadeo (marketing), que ameritaría una materia introductoria, al menos.

Tampoco se enseña nada sobre drogas y el tema de la educación sexual ha provocado serias resistencias.

Se ha formado un instituto de formación docente, el que no parece haber resuelto ni uno de los problemas de la enseñanza.

¿Existen esperanzas para un cambio?

No muchas.

Un buen principio sería compilar todos los trabajos críticos de profesores antes de ahora, que sí están bien hechos.

En segundo lugar emprenderla contra las toneladas de conocimiento inútil que se imparte en secundaria, aun el útil que se explica en forma inútil, sin ejemplos claros.

El conocimiento inútil es una forma sofisticada de la mentira.

En tercer lugar, traer al pragmatismo como escuela filosófica y método de enseñanza al primer lugar del interés público.

En cuarto lugar, hacer de las clases lugares participativos, con una enseñanza en base a casos o ejemplos. En definitiva, hacer del estudio lo que debe ser, algo interesante y divertido. En quinto lugar, insistir con la enseñanza en valores. El siglo XX fue un cambalache, pero no tiene por qué serlo el siglo XXI.

En sexto lugar, revisar las bases contenidas en los principios de gratuidad, obligatoriedad y laicidad.

La enseñanza no es gratuita de forma alguna; además, en términos económicos es cara. El hecho de que a veces la pague el contribuyente no quiere decir que sea gratuita.

Tampoco debería ser obligatoria, porque la demanda de enseñanza es sencillamente enorme y general, y si esta fracasa es por las razones reseñadas en líneas anteriores, entre otras.

Es laica, aunque no siempre.

Nadie habla de una enseñanza de calidad, que debería estar en la primera prioridad.

Las bases de la enseñanza del futuro entonces deben ser:

Una enseñanza de primera calidad; accesible para todos los ciudadanos, participativa, interesante, útil y laica.

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