Cuando un presidente es ejemplo
El doctor Tabaré Vázquez comenzó a despedirse. Asombrado, según sus propias palabras, de lo rápido que pasaron estos cinco años. Se despidió de América en el Grupo de Río y fue ovacionado de pie, en virtud de lo que él mismo y Uruguay todo se ha ganado en respeto y consideración.
Ayer se despidió de la prensa, presentando el libro «Uruguay, ser en el mundo», una recopilación de las múltiples actividades realizadas a nivel internacional y que pautan el porqué de ese prestigio. Una recopilación realizada con esmero y vocación de servicio, tal cual ha sido el proceder de Sepredi (ahora Secretaría de Comunicación Institucional) en estos cinco años.
Nadie faltó a esa convocatoria de prensa. Ni aun aquellos colegas que trabajan para medios «opositores» al gobierno. Porque nadie podía dejar de reconocer que en estos cinco años no hubo privilegios, ni prebendas, ni acomodos publicitarios, ni presiones a los periodistas ni a los medios, sino que hubo una actitud transparente, de profundo sentir y hacer democrático por parte del Presidente.
No hace falta recordar las cifras que hacen al balance cierto de este gobierno. Tampoco refrescar la popularidad con la que Vázquez deja su mandato. Me conmueve sí ratificar la valía humana de alguien que es capaz de expresar, preguntado cómo se va de su mandato, que lo deja «sin nostalgia, sin fervor y sin euforia, con profunda serenidad de espíritu, con plena conciencia, la frente en alto y con las manos limpias.»
Sinceramente, para mi gusto, no hay más sabias palabras que esas para alguien que está dejando la máxima responsabilidad que un hombre público puede asumir, cuando además lo hace desde el máximo reconocimiento local e internacional imaginable. Más aún cuando vos sentís que sus palabras son sinceras, sentidas, naturales.
En síntesis, Tabaré Vázquez no sólo no se va peor de lo que entró, como suele suceder con quienes ocupan cargos públicos, sino que se va enormemente crecido como ser humano, habiendo sido capaz de desempeñar la enorme tarea de ser el primer presidente de izquierda de este país y salvar la prueba con holgura; se va mucho más crecido como persona. Tanto como para reconocer con desprendimiento que todo ese crecimiento no es un mérito personal exclusivo sino el fruto de la responsabilidad con que asumió la tarea que el pueblo le encomendó. Se va tranquilo, con plena serenidad de conciencia y de espíritu, sin nostalgia ni euforia, con agradecimiento a la vida, a los ciudadanos, a sus compañeros, a su señora esposa, a quien eligió para el primer abrazo ni bien entregue la banda presidencial.
El doctor Tabaré Vázquez, joven luchador de La Teja, médico oncólogo infatigable, militante de la causa frenteamplista de todos los puestos y de todas las horas, no sólo ha honrado su mandato sino que nos ha entregado una hermosa lección de vida: se puede.
Se puede. Algo por lo que los más veteranos hemos luchado toda una vida. Algo que los más jóvenes necesitan comprobar con pruebas ciertas. Eso, además de todas las realidades que deja este gobierno, es un estímulo de vida tan o más importante para seguir luchando, para seguir creyendo en nosotros mismos, como personas y como pueblo.
Cuando un presidente es el mejor ejemplo de su pueblo nos empuja a seguir creciendo.
Salud y alegría, para usted y los suyos, es el deseo sincero, agradecido, emocionado, de todos los uruguayos.
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