Tabaré
El presidente Tabaré Vázquez eligió terminar su gestión con el mismo signo con que la inició y la desarrolló: trabajando intensamente.
La agenda de esta última semana tiene señales de mucho simbolismo. Ayer visitó las obras de remodelación en la Central Batlle de UTE, estratégica para la respuesta energética de nuestro país, y también participó de una actividad en el LATU vinculada a uno de los orgullos de este gobierno, el Plan Ceibal. Hoy será la despedida del Consejo de Ministros, organismo al que dio un impulso inédito potenciando los gabinetes sectoriales, y participarán de la misma todos los legisladores del Frente Amplio que conformaron la bancada oficialista en el período que termina. Además inaugurará las obras del Anillo Perimetral Metropolitano.
El lunes se despidió a nivel internacional y lo hizo en un escenario también muy simbólico: la cumbre de presidentes de América Latina y el Caribe que dio nacimiento a un nuevo organismo de unidad regional sin Estados Unidos ni Canadá. Fue ovacionado de pie por sus pares de la región.
No es común que un presidente de la República, termine así su gestión; por ello es importante destacarlo y atesorarlo. Vázquez, el primer presidente de izquierda de la historia de Uruguay, termina su gobierno con un amplísimo respaldo popular, con el reconocimiento de todos los sectores sociales; rodeado de respeto a nivel regional y en el mundo. Además, y no es un detalle menor vistas otra situaciones en la región, culmina su período con la victoria electoral de la fuerza política que integra, el Frente Amplio, e investirá como su sucesor al segundo presidente de izquierda, José Mujica.
Ayer, el presidente Vázquez rompió el protocolo y en una actividad prevista para presentar un libro que recoge todas las misiones políticas y comerciales que realizó habló largo y sobre todo.
Vázquez se dirigió a los periodistas presentes y a través de ellos a todos los uruguayos en una suerte de «despedida» pública; de hecho protagonizó ayer la conferencia de prensa más larga de todo su mandato.
Dijo muchas cosas y todas muy importantes, pero algunas merecen ser rescatadas sobre todo por su proyección hacia el futuro.
Antes de anunciar que respondería las preguntas de los periodistas presentes Vázquez explicó con un anécdota por qué durante estos cinco años no tuvo un contacto mayor con la prensa. El Presidente recordó que el ex mandatario francés Francois Mitterand explicó de la siguiente manera por qué hacía pocas declaraciones públicas: «Porque cuando habla Mitterrand, habla Francia». «Cuando habla un presidente, habla el país. Y cuando habla el país hay que hacerlo con responsabilidad, con seriedad, no se puede salir a opinar de todos los temas en cualquier momento y en cualquier circunstancia», argumentó Vázquez.
Consultado sobre los momentos más felices de su mandato, el Presidente destacó: «Haber recibido de una señora (una carta en la que decía) que estaba atendida por el Plan de Emergencia y después de muchos años había podido comprar sábanas para las camas de sus hijos».
Opinó que dentro de las prioridades para el próximo período está «continuar el combate a la pobreza» y descartó que así será, indicando sobre José Mujica: «Estoy seguro, absolutamente seguro de que el próximo gobierno va a ser un gobierno profundamente humano».
Finalmente descartó de plano las versiones que lo sindicaban promoviendo un nuevo grupo político para incidir desde allí: «Yo soy frenteamplista y voy a seguir siendo frenteamplista».
Aunque es imposible resumir cinco años históricos en una frase, Vázquez, emocionado, dijo una que se acerca mucho a ese objetivo: «Me voy con la conciencia tranquila, la frente en alto y las manos limpias».
Vázquez o sencillamente Tabaré, como le dicen todos, asumió como presidente con un país sumido en la peor crisis de su historia; cinco años después culmina una gestión que lo ha potenciado a él y a su fuerza política, el Frente Amplio.
Pero lo más importante es que cierra estos cinco años con un país mejor y con la vida de las y los uruguayos mejor. De eso habla Vázquez cuando dice: «Lo que más importa no es lo que hablemos los políticos sino lo que vive nuestra gente».
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