EDITORIAL

Apuntar siempre a lo central: la gente

En recientes declaraciones a la prensa al finalizar el encuentro del gobierno electo con 1.500 empresario en Punta del Este, el ex candidato presidencial por el Partido Nacional sintetizó el evento afirmando que el contador Danilo Astori, conductor de la política económica del actual gobierno y futuro vicepresidente de la República, no tiene autoridad para hablar y anunciar que el próximo gobierno llevará una política fiscal cuidadosa. Fundamentó sus dichos con dos argumentos, por un lado el déficit con el que finaliza esta administración (no tuvo para nada en cuenta lo que significó para las arcas públicas la sequía que duró dos años (donde no solamente hubo que importar mucha energía de la región y prender las 24 horas las centrales térmicas) y, en segundo lugar lo hizo responsable de instalar en el país el Impuesto a la Renta.

Desconocemos quién asesora en estos temas al ex candidato y, aunque no tuviera asesores (que los tiene) su sentido común estaría en una etapa de hibernación. ¿Por qué ? Por lo antedicho con respecto a la energía y a la ayuda a los productores rurales. Pero también llama poderosamente la atención que una persona que incluso ha llegado a la Presidencia de la República, desconozca que el IRPF es un mecanismo que se utiliza, prácticamente en todo el mundo.

Para el señor Lacalle la gestión como ministro de Economía y Finanzas de Danilo Astori se sintetiza pues, en déficit fiscal e implementación de un impuesto de carácter mundial. No reconoce ninguno de los numerosos éxitos logrados por el país.

No conocemos la existencia de una valoración suya sobre cómo afrontó Uruguay la crisis mundial que nos exportaron quienes pretender sentar cátedra en el mundo sobre finanzas y economía. Sobre eso, Lacalle no ha dicho una palabra, tampoco sobre la recuperación salarial a nivel previo al desastre financiero que vivió el país hace casi 10 años. Agreguemos que los 1.500 empresarios que fueron al Conrad a escuchar al nuevo gobierno tampoco piensan como Lacalle, opinión que se suma a más de la mitad de los uruguayos que recientemente desecharon sus propuestas de gobierno.

Hace meses que la Inversión Externa Directa crece a un ritmo mensual que sobrepasa las estimaciones del gobierno y lo concretado en años anteriores. Por otro lado la producción manufacturera viene creciendo desde el cuarto trimestre de 2009, ha aumentado sensiblemente el PBI del país, el sector financiero saneado y cifras récord en materia de turismo, así como de mínimos en desocupación. Tal vez el hoy senador nacionalista debería sopesar con más objetividad sus juicios y tener en cuenta que la campaña electoral finalizó.

En cuanto al futuro gobierno, donde también estará el contador Astori, viene buscando la forma de continuar elevando la calidad de vida de los uruguayos, a través de una fuerte campaña habitacional, profundización de la reforma de la salud, educar para mejorar la calificación de los trabajadores, invertir de manera sostenida en infraestructura para poder ofrecer un país mejor preparado para la inversión aunque el FMI no esté de acuerdo. Y, sobretodo, le preocupa que el promedio del PIB por persona ronda los 9.600 dólares al año, pero se está lejos de que ésos sean los ingresos reales de los uruguayos.

Esos 32 mil millones de dólares del PIB del país en 2008, no están bien distribuidos (corresponderían $16.000 por habitante por mes). Según el INE, en el país urbano (de 5.000 y más habitantes), el 27,3% de los hogares del país estaban en la línea de pobreza en 2005 cuando asumió este gobierno, en 2008 descendió al 18,3%, la indigencia bajó de 2,2% en 2005 a 0,9%, con todo, se informa que los ingresos del 10% más pobre y del 10% más rico muestran un creciente aumento en la desigualdad de la distribución de la riqueza.

Con este panorama, el senador Lacalle tiene dos opciones: o trabajar en el Parlamento para que esa desigualdad en la distribución de la riqueza se aminore, o aumente. Ni el déficit fiscal, ni los impuestos le deben quitar el sueño a nadie, más bien el trabajo se debe orientar para que el Estado gaste más y mejor y que los impuestos sean menos fáciles de evadir.

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