La reforma es gestionar
Otra vez la reforma del estado aparece como uno de los principales temas en la agenda de prioridades de un gobierno. Esta vez el gobierno que encabezará el compañero José Mujica aparentemente lo tendrá como una especie de buque insignia de su gestión. Mucho se habló, se habla y se hablará de reformar el Estado y parece que es muy difícil encontrar una punta en tamaña madeja. Hablan políticos, afamados estudios jurídicos, expertos en políticas de Estado, los trabajadores, etcétera. Todos aportan su visión.
Como militante político pero fundamentalmente como servidor público también tengo mi visión al respecto y esta se resume en el concepto de gestionar. No estoy en la vereda de aquellos que sostienen sus ideas de acuerdo al tamaño del Estado. Como si la eficiencia pasara por el número de trabajadores dependientes o por si las actividades comerciales se resuelven tercerizar o no. También difiero con aquellos que sostienen que la cultura estatal existente en Uruguay y en los funcionarios públicos es una especie de «ancla» para su progreso.
Lo primero que tenemos que definir es si realmente queremos reformar. Si esto es así hay que dejar de lado los discursos y empezar a darle coherencia a nuestras acciones y pensamientos. De la boca para afuera no se puede ser reformista o es intelectualmente deshonesto pensar que si pienso cambiar pero el bolsillo es afectado, inmediatamente acciono el botón de auto protección.
Reformar es «aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora en algo». Lo que tenemos que innovar y mejorar es la forma en que gestionamos el Estado. Gestionar es establecer metas concretas, es establecer cuadros de mando integrales que permitan efectuar los controles necesarios en el cumplimiento de esas metas; es estar al servicio de la producción del país, es motivar con políticas de incentivo y de premio a los funcionarios y que sirvan además como correctivo para los que no se alinean al interés general, es derribar al feudalismo de los mandos medios que en muchos casos son los que ponen la barrera principal, es manejar los dineros públicos con transparencia y eficiencia y es darles igualdad de oportunidades a todas y todos.
Este conjunto de medidas puede ser llevado adelante. Sólo hay que tener la definición y el carácter para tomarlas. Voy a citar un ejemplo que conozco por trabajar en ese lugar. En algunos lugares se ha sostenido que OSE es un ejemplo de transformación. Este gobierno encontró esta empresa casi en ruinas y logró cambiar la situación de forma importante. Pero de ahí a tomarla como ejemplo de cambio hay una distancia importante. Todavía no se ha podido implementar un sistema de igualdad de oportunidades para el acceso a los cargos gerenciales, ni existen evaluaciones de desempeño desde hace varios años y en la época del Plan Ceibal, en la cual todos los niños de las escuelas públicas tienen su computadora y acceso a Internet, en OSE la mayoría de sus trabajadores tiene impedido el acceso a la web. Nunca se debería comprimir el acceso a la información, esta es parte de la formación, a no ser que se quiera tener en vez de trabajadores capacitados y calificados, meros pasadores de tiempo esperando el fin de mes para cobrar. Estos ejemplos sirven para mostrar cómo alguien desde un sillón puede bombardear cualquier intento de cambio. Es por eso que hay que tener el carácter para luchar contra el ‘no se puede’ de algunos cuadros jerárquicos. Volviendo a lo macro, entiendo que es necesario hacerse algunas preguntas pensando en la Reforma del Estado:
¿Se ajusta a la realidad del Uruguay que queremos, que las empresas públicas estén diversificadas en varios ministerios únicamente por un tema de responsabilidad política ante el Parlamento o será hora de pensar que todas se integren bajo un mismo mando que facilite el control de sus gestiones?
Es un modelo de gestión positivo que los directores de esas empresas en muchos casos reciban retribuciones inferiores a funcionarios de menor jerarquía que ellos?
¿No será momento de unificar políticas de retribución y de evaluación de todos los funcionarios públicos eliminando la disparidad de reglamentaciones y acciones que hoy existen en estas materias?
Como existe en el ámbito municipal la figura del defensor del vecino, ¿no se podría instrumentar mecanismos de opinión y de crítica sobre la gestión del Estado para que los usuarios puedan utilizarlos y sirvan como insumo para los responsables de la conducción?
¿Las estructuras de cargos que a su vez se presupuestan, se ajustan a un modelo de gestión eficiente o en algunos de esos cargos que son directamente responsables de la ejecución de las decisiones adoptadas, sus ocupantes deberían estar sujetos al cumplimiento de metas?
Insisto. Lo más importante de todo es la actitud que se tenga para lograr el cambio que todos sostienen querer. Si realmente se quiere reformar, hay que tener amplitud de mente para encarar las soluciones, escuchando a todos los actores existentes y de una buena vez empezar a gestionar. De lo contrario será cuestión de flotar en el mar de los lamentos permanentes y de tanto en tanto cambiar de bote inflable para permanecer arriba.
Compartí tu opinión con toda la comunidad