Despacito por las piedras blancas
El absurdo conflicto de la Intendencia montevideana con los municipales de Adeom, por el control de patentes de los vehículos, ha dado lugar a comentarios muy profundos de los dos candidatos blancos a la comuna capitalina.
Los dos, reconozcamos, están acordes con el principio de autoridad, y reconocen que el intendente está en su derecho cuando determina lo que se hace o no se hace en la Intendencia para el control de las patentes. Bueno fuera que opinaran lo contrario.
Pero ambos, por uno u otro lado, salen defendiendo a quienes matriculan sus vehículos en departamentos donde no viven, no trabajan, y donde sólo iban una sola vez al año a pagar la patente. Y digo eso, porque ahora ni eso, ya que los departamentos blancos «atrayentes» han puesto oficinas captoras en Montevideo. Y esos contribuyentes, señores candidatos, en cualquier régimen impositivo son evasores fraudulentos. Y a los evasores y fraudulentos, en cualquier régimen que se precie, se les controla y se les sanciona, y los gobernantes no deben tentarlos.
El argumento esgrimido por la Dra. Ana Lía Piñeyrúa y el Ec. Javier de Haedo es que Montevideo cobra mucho por las patentes, pero cobra lo acordado por el Congreso de Intendentes por unanimidad, y lo mucho que cobra no habilita la ilicitud.
Lo curioso, señores candidatos, es que las críticas pasen por alto un axioma tácito tan blanco como el poncho blanco de Aparicio: «Para un blanco no hay nada mejor que otro blanco».
Todo el problema ocurre porque hay intendentes, intendentes blancos, que se pasan por el forro lo que firmaron todos, los 19 intendentes, la mayoría de los cuales son también blancos.
Bajemos a la tierra, esto no lo afirma este humilde escriba -que por otra parte no es blanco-, sino intendentes blancazos, como Lafluf, de Río Negro, o el Cnel. Barreiro, de Cerro Largo, y el color político de ambos está probadamente probado.
El problema lo han creado los intendentes que han incumplido el acuerdo, su palabra y su firma, y esos intendentes son blancos. Chiruchi, el de San José, del sector de Ana Lía; y Zimmer, el de Colonia, del sector de Larrañaga, son los que cobran menos y seguirán cobrando menos, aunque todos bajen globalmente las patentes, porque ellos seguirían bajando las suyas, ya que su impronta es la competencia desleal.
Yo quisiera verlos a doña Ana Lía y a don Javier manejarse en la Intendencia de Montevideo cuando Zimmer y Chiruchi se lleven todos los vehículos bajando día a día las patentes en esa especie de corrida y se queden sin recursos.
Pero además, cuando les entran compadecimientos por la carga impositiva de los montevideanos, tengamos en cuenta que las comunas tienen dos grandes fuentes de recursos, las patentes sí -de las que se acuerdan-, pero también las contribuciones inmobiliarias, sobre cuyos montos comparativos se distraen.
Sería bueno que los candidatos hicieran un estudio comparativo de lo que cobra la esquilmadora Intendencia de Montevideo y lo que cobran las intendencias blancas, por contribuciones urbanas, y quizás, y casi sin quizá, se llevarán una sorpresa.
Y tengámoslo todos presente, impuestos pagamos todos, e incluso me animaría a decir que son más, los humildes que pagan Contribución Inmobiliaria, que los miles que tienen vehículos caros. Todos los inmuebles pagan contribución, pero no en todos los inmuebles hay un vehículo, y menos uno caro. Hay que detectar dónde están los más y los más humildes.
Será lindo ser blanco -yo no puedo valorarlo-, pero que hay blancos y blancos. Vaya si los hay.
Y son los responsables del gran quiveo.
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