¿Políticas neoliberales o políticas keynesianas?
Daniel Olesker
Frente a la aguda recesión que pasa el Uruguay, las salidas que se proponen no son neutras, sino que dependen del contexto en el que se insertan y afectan de manera diferente a los sectores sociales. Por ello lo primero que siempre decimos cuando se abre el debate sobre propuestas económicas, es que no hay verdades absolutas ni salidad únicas sin las cuales la otra opción es el caos.
Y en ese sentido ubiquemos las propuestas neoliberales y keynesianas de salidas a la crisis.
Las políticas neoliberales hacen centro en sus propuestas en la recuperación de la competitividad a través de reducciones de costos que, en general se traducen en rebajas de salarios, rebajas de beneficios de la seguridad social y rebajas de gastos públicos.
Las políticas keynesianas hacen centro en la generación de demanda para los productos, con lo cual el aumento de salarios, de beneficios sociales y de gastos públicos es muy importante para sostener dicha demanda.
Y he aquí un primer problema teórico para el desarrollo capitalista que ya marcaba Marx, cuando planteaba la contradicción entre los salarios y los gastos públicos como costos de producción que eran necesario reducir para aumentar la tasa de ganancia capitalista y los salarios y gastos públicos como demanda que era necesario aumentar para garantizar la realización (venta) de los productos de las empresas capitalistas.
En los últimos 30 años, (a diferencia del largo período de crecimiento capitalista entre 1945 y 1970 de exitoso predominio keynesiano) han predominado las políticas neoliberales, cuyo objetivo ha sido el de recuperar la competitividad por medio de la competencia entre empresas en un mercado mundializado y abierto y donde el instrumento fundamental ha sido reducciones de salarios, de beneficios sociales y de gastos públicos en especial de orden social.
Todo ello ha dado como resultado que a nivel microeconómico se ha logrado recuperar la rentabilidad de un número importante de empresas, pero sin embargo mirado globalmente la pérdida de mercado reduce las capacidades de expansión del conjunto de las empresas y genera una competencia entre ellas, donde las más grandes y de mayor poder económico triunfan. Entonces tenemos:
– Procesos de centralización de capitales con amplias fusiones y absorciones que han aumentado notoriamente el poder de los grandes conglomerados.
– Privatizaciones de empresas públicas para dar espacios de valorización de capital a los privados, dada la disminución de la demanda mundial global.
– Reducción y precarización de las condiciones de vida de la mayoría, incrementando la exclusión social que ya es inherente al sistema capitalista y que el neoliberalismo ahonda.
En función de lo anterior es necesario relanzar al debate las ideas keynesianas que permitieron una distribución de la riqueza diferente durante los años de la segunda posguerra.
Y la idea central es que es posible conciliar la reducción de costos con el aumento de los mercados, en la medida en que se actúe sobre la distibución de las ganancias de productividad, que son y serán mucho dinero.
Porque el cuestionamiento no es a la existencia de ganancias de productividad, sino a la manera en que éstas se apropian y distribuyen. Y allí el rol del Estado y de las organizaciones sindicales y sociales es fundamental para negociar estas ganancias.
Sin duda esta discusión, cuando se lleva al terreno de la práctica en nuestro país, encuentra que el problema se agrava, pues una inyección de demanda (polìtica keynesiana) encuentra la barrera de la capacidad de producción competitiva de la oferta que ha sido brutamente deteriorada por la sobrevaluación del peso uruguayo generada en los 90, lo que se conoce comúnmente con el nombre de «atraso cambiario»
Y entonces una política exclusivamente keynesiana corre el riesgo de no tener éxito o simplemente de fugarse todo el dinamismo hacia los bolsillos de los comerciantes importadores y no de los productores nacionales.
Por ello en las actuales condiciones de la economía uruguaya es necesario combinar medidas de aumento de demanda con medidas de reducción de costos. Pero en un enfoque político de hacia qué objetivos va dirigida la reactivación, es decir un enfoque reactivador de clase y por ello incluimos en la dinamización de la demanda a la demanda interna y excluimos de las medidas de reducción de costos las caídas de salarios y la devaluación (porque significará antes que nada caída del salario real), concentrado el esfuerzo en reducciones de impuestos, tarifas y tasas de interés.
En función de ello proponemos
lDe una parte mayores tasas de impuestos personales a los sectores de mayores recursos (incluyendo el férreo control de su altísima evasión impositiva), incluyendo las rentas del sistema financiero, de manera que una parte de dichas ganancias de productividad quede en manos del Estado, para que éste pueda, a través de su gasto social, brindar servicios que aumenten el poder de compra de los hogares de trabajadores y al mismo tiempo bajar impuestos a las empresas. Es decir poner el impuesto a la renta de las personas y con ello reducir impuestos y tarifas a las empresas.
lPara gastar bien es necesario una reforma del gasto público en sentido de la inversión pública y social. En esta dirección deben reorientarse los subsidios a empresas priorizando aquellas que venden bienes y servicios básicos para la población (salud, alimentos, etc).
lEn tercer lugar acuerdos obligatorios y regulados entre empresas y trabajadores para que una parte de la ganancia de productividad se traslade a la masa salarial. Esto puede darse por aumentos de salarios o reducción de la jornada de trabajo (lo cual genera nuevos empleos y aumenta el tiempo de vida no laboral de las familias).
lEn cuarto lugar mantener las empresas públicas prestadoras de servicios estratégicos en manos del Estado para asegurar el acceso de los hogares de trabajadores a esos servicios en cantidad, calidad y precios adecuados.
lEn quinto lugar aumentar el arancel externo común para bienes de consumo competitivos de la industria nacional, en la misma dirección de la propuesta del ministro de Economía argentino
Tres observaciones finales
lTodo esto es posible y lo fue en la segunda posguerra, ¿por qué? Porque la correlación de fuerzas era más favorable a los trabajadores. El «peligro comunista» generaba concesiones a los trabajadores del capitalismo para reducir el impacto del ejemplo de la planificación económica.
Al mismo tiempo las luchas obreras y su particular enfrentamiento al fascismo fortalecieron los sindicatos y les permitieron conquistas históricas. Todo ello cambió desde los 80 con el derrumbe del mundo socialista, la desindustrialización y el amplio desempleo que presionó los salarios a la baja y debilitó a los sindicatos.
lLas políticas keynesianas alternativas no eliminarán tendencias claras del capitalismo a la concentración, especulación financiera, etc. Pero sin duda amortiguan sus efectos y permiten una mejora en la calidad de vida de los trabajadores y reducen el impacto excluyente inherente al sistema. Y entonces es un camino deseable.
lLas políticas planteadas no serán jamás dádiva gratuita, sino que, como lo demuestran los sectores que en Uruguay, han alcanzado mejores niveles de reparto de las ganancias de productividad, sólo se logra si existe una fuerte organización sindical y social que actúa en las empresas y que actúa igualmente a
nivel nacional reclamando políticas públicas de gastos, ingresos y estrategias de empresas públicas como las aquí planteadas.
Por ello lo del título: el debate entre políticas neoliberales o keynesianas, no es un debate técnico. Ambas pueden lograr el objetivo de la reactivación económica.
Pero mientras las primeras lo logran en beneficio de un puñado reducido de empresas (los 10 primeros exportadores de Uruguay que exportan el 30% del total y sobre todo los grandes importadores o comercios y los grandes bancos), la segunda vía permite que las ganancias obtenidas por la reactivación se repartan entre un número mayor de empresas y trabajadores.
Ese es el debate y por ende es un debate político que se expresa en: ¿A QUIEN SE QUIERE BENEFICIAR CON LA REACTIVACION PRODUCTIVA?
*Economista
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