Los siete quijotes de la esperanza
En pocos días el Frente Amplio asumirá por segunda vez el gobierno nacional. Dos meses después serán las elecciones municipales de mayo, donde la izquierda aspira a ganar nuevamente Montevideo y siete intendencias e incluso conquistar alguna nueva.
Décadas atrás era impensable que al Frente Amplio se le presentara una situación similar. El fenómeno, por cierto, se puede apreciar desde distintos ángulos, pero en este martes preferimos verlo desde un punto muy particular: lo que han significado los siete intendentes del interior del país, que van por sus propias reelecciones.
Si miramos cinco años atrás nos encontramos con un Frente Amplio que en el interior del Uruguay, no tenía la más mínima experiencia en materia de gestión gubernamental. Sus militantes, a lo sumo, venían de una cultura de la oposición y de la resistencia, con algunos pasajes enriquecedores por las Juntas Departamentales o en la conducción de organizaciones sociales. Nada más.
Con esos antecedentes, siete hombres y sus grupos de colaboradores tuvieron que afrontar la responsabilidad de la conducción de cada uno de sus departamentos. Muchos de ellos sólo conocían su Intendencia porque alguna vez habían hecho un trámite como simple ciudadano.
Enfrentaron el desafío casi solos, si lo vemos en materia de apoyo político y de transferencia de experiencias, aunque sí tuvieron el respaldo activo, como también lo tuvieron los municipios blancos y colorados, de distintos ministerios del gobierno de Tabaré Vázquez.
Tuvieron que sortear sus propias carencias y el permanente enfrentamiento de los dirigentes locales de los partidos tradicionales que creyeron que el interior del país era de su propiedad y de por vida.
Estuvieron solos, si nos referimos al papel de los propietarios de los medios de comunicación de sus departamentos, en la gran mayoría de las veces casados con esa dirigencia política rosada que no supo hacer oposición, sino que prefirió el agravio, la zancadilla y el desprecio como argumentos.
Pasó el tiempo, trascurrieron los años, y aquellos siete hombres fueron transformándose en muy buenos gobernantes y en jefes políticos que muchas veces trascendieron lo departamental.
Esos intendentes se acaban de ir de sus respectivas comunas por la puerta grande, con la sencillez de siempre, pero con una inmensa experiencia acumulada en las artes de gobernar. Los siete, además, con el convencimiento y la disponibilidad anímica suficiente para presentarse, una vez más, a las próximas elecciones con la intención de que el Frente Amplio siga en esos gobiernos departamentales, aportando hacia un país de primera.
Entraron limpios y se van limpios. Orgullosos de sí mismos, de su gente y del Frente Amplio. Razones tienen, es que cumplieron con lo que parecía una quijotada.
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