Disculpe la compasión; Estados Unidos en Haití
Apenas trascendieron las noticias de que Haití se había convertido en la sucursal del infierno, tanto la ONU como los gobiernos e instituciones privadas y ciudadanos de todo el mundo pusieron manos a la obra, en un esfuerzo mancomunado de auxilio. Pronto se hizo evidente que las secuelas del terremoto iban más allá de lo imaginable. Las primeras estimaciones arrojaban más de 150.000 muertos, cerca de 3.000.000 sin hogar y por añadidura privados de agua y alimentos, un número muy elevado de personas que requerían urgentemente asistencia médica, especialmente quirúrgica, y peligro de epidemias.
A pocas horas de la tragedia, el presidente Obama informó que había «lanzado uno de los esfuerzos de ayuda más grandes de la historia reciente». En otro pasaje de su discurso manifestó «miramos a los ojos del prójimo y nos vemos a nosotros mismos. Por tanto, EEUU liderará al mundo en este esfuerzo humanitario». Afortunadamente, no sólo EEUU se sintió tocado sino que desde todos los países comenzó a fluir ayuda. Incluso se dio el caso del presidente de Senegal, quien manifestó que daría una región de su país a los haitianos, basándose en que como Haití fue fundado por esclavos africanos, sus descendientes tienen derecho al retorno.
Como consecuencia de la tragedia, en Haití se había producido un vacío de poder y el presidente René Préval, que no tenía un sitio desde donde gobernar ni donde pernoctar (tanto el Palacio Presidencial como su residencia estaban reducidos a escombros) ni podía ubicar a buena parte de sus asesores y ministros, estaba desbordado. Desde antes de la tragedia, la ONU operaba en lo que se calificó de «cerebro operativo» del país, pero su edificio sede colapsó, matando a varias decenas de sus funcionarios, integrantes de la plana mayor de la organización. De la Policía haitiana no había noticias. Sin embargo, era urgente mantener el orden y organizar la logística de la ayuda, por lo cual estas tareas fueron tomadas a su cargo por los efectivos de la ONU, a la espera de que llegaran las fuerzas estadounidenses.
No habían transcurrido 24 horas cuando Obama aumentó las dimensiones de la ayuda y destinó 5.500 soldados y una flota naval incluido un portaaviones con un hospital flotante para atender las distintas necesidades. El mismo día pronunció un segundo discurso recalcando que esta ayuda será la máxima prioridad y movilizó a sus antecesores, Clinton y Bush, para abrir un «Fondo para Haití Clinton-Bush (CBHF)» encargado de enviar asistencia a corto plazo, financiar proyectos de recuperación y coordinar la masiva ayuda internacional. En otro orden, expertos norteamericanos perfeccionaron nuevos tipos de software para localizar gente desaparecida y confeccionar mapas de zonas devastadas. También el Proyecto Ushahidi, basado en mensajes de texto, que los rescatistas encontraron de suma utilidad. Los resultados beneficiosos se hicieron sentir con el correr de los días.
La propia magnitud del auxilio podía implicar para EEUU una especie de responsabilidad política global en relación a Haití. Para disipar cualquier conjetura, voceros gubernamentales se apresuraron a aclarar que Obama lideró la respuesta al desastre pero que EEUU «no tiene intención de sustituir a las autoridades de Haití ni responsabilidad en lo que allí ocurra».
Eso no fue óbice para que se elevaran voces atacando a EEUU por ocupar militarmente la isla. Vale la pena mencionar las objeciones de Fidel Castro («sin que nadie sepa cómo ni por qué, miles de soldados …. han ocupado el territorio de Haití……y ni Naciones Unidas ni el gobierno de Estados Unidos han ofrecido una explicación…de estos movimientos de fuerzas») cuando el propio gobierno cubano autorizó a los aviones norteamericanos el uso de su espacio aéreo en su trayecto a Haití. No se trata sólo de Fidel Castro. En América Latina, fueron varios los gobiernos y medios de difusión que acusaron a Estados Unidos de aprovechar el terremoto del 12 de enero para ocupar militarmente el país, al punto que el secretario de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela, se sintió obligado a aclarar que estaban allí porque el gobierno de Haití invitó «no sólo a EEUU sino a otros países de la comunidad internacional a responder…a la tragedia…tenemos una obligación moral». En otras palabras, desde el primer momento los movía, tal como dijo Obama, compasión y humanidad.
Sin embargo, en lugar de reconocimiento, continuaron los ataques contra EEUU. En Uruguay, Robin Matthewman, la encargada de negocios de EEUU al momento de escribir estas líneas, tuvo que insistir que su país está en Haití «con todo el respeto debido por la soberanía de Haití» y que «el liderazgo es asumido por el presidente de Haití». Francamente, es injusto que en lugar de recibir el reconocimiento por sus esfuerzos, EEUU tenga que justificarse sólo le falta disculparse por lo que en definitiva es un acto de sensibilidad y responsabilidad del país «que tiene una capacidad que nadie más tiene» para ayudar y, además, la disposición para hacerlo. Sin embargo, nuestro próximo ministro de Defensa, Luis Rosadilla, manifestó que «EEUU tiene una vocación casi genética de imperialismo y colonialismo». En términos genéticos, sería posible que haya gente con el antiyanquismo en sus genes. De todos modos, no es mucho lo que podría hacerse en este plano, pero sea dicho con todos los respetos cuando se desempeñen funciones públicas de máxima responsabilidad, sería conveniente que palabras y hechos fueran exclusivamente la expresión del interés nacional.
Compartí tu opinión con toda la comunidad